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León XIV: la música sacra no es un ornamento de la liturgia
León XIV enseña que la música sacra pertenece a la acción litúrgica y llama a preservar el patrimonio musical de la Iglesia.

El 19 de agosto de 2026, en la audiencia general celebrada en la basílica de San Pedro, León XIV dedicó su catequesis a la música sacra. Enseñó que esta «forma parte de la acción litúrgica y no es solo un elemento decorativo de la celebración», y pidió al compositor que «conozca y preserve el patrimonio musical de la Iglesia».
Esta verdad no espera a ser proclamada: está fijada. Ya en 1903, san Pío X enseñaba que la música sacra es parte integrante de la liturgia solemne, ordenada a la gloria de Dios y a la santificación de los fieles, y no un aderezo añadido desde fuera. Daba al canto gregoriano el rango de modelo supremo del canto de la Iglesia, admitía el órgano y apartaba cuanto repugna a la dignidad del lugar santo. El patrimonio musical no se guarda como una pieza de museo: es la voz orante que la Iglesia se ha dado, y romperlo es romper la oración misma.
Lo que hay de seguro en la catequesis está en lo que conserva de esa doctrina. León XIV vinculó sus palabras al motu proprio de san Pío X del 22 de noviembre de 1903; atribuyó «un gran valor al canto gregoriano, sin excluir otros géneros de música sacra», recordó el papel del órgano de tubos y no permitió los demás instrumentos sino a condición de que convengan al uso sagrado y a la dignidad del templo.
Quiso la forma «a la vez noble y sencilla», y los textos tomados ante todo de la Sagrada Escritura, de los libros litúrgicos y de la Tradición. En estos puntos, la enseñanza no hace más que repetir la ley antigua. Allí donde se reclama de la constitución conciliar sobre la liturgia y de un texto posterior a 1958, no es esa novedad la que funda la regla: la ley del canto sagrado regía antes del Concilio, y es ella la que juzga. San Agustín lo había dicho en una palabra que el papa retomó: «Cantare amantis est», cantar es propio de quien ama.
Fuentes. San Pío X, motu proprio Tra le sollecitudini (22 de noviembre de 1903) sobre la música sacra; san Agustín («Cantare amantis est»); Catecismo del Concilio de Trento (1566).