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León XIV en Francia: «anunciar la paz de Cristo»
León XIV inició el 25 de septiembre de 2026 su primera visita a Francia, un viaje de cuatro días cuya agenda anunciada gira en torno a la inteligencia artificial, la eutanasia y los abusos en la Iglesia.

León XIV dejó Roma la mañana del 25 de septiembre de 2026 para su primera visita a Francia, un viaje de cuatro días entre París, Lourdes y Metz. Su avión aterrizó poco antes de las diez cerca de París, donde lo recibió el presidente de la República; es la primera venida de un papa a París desde septiembre de 2008. Ante los periodistas, durante media hora, saludó en varias lenguas —un «bonjour» en francés incluido— antes de anunciar «un cierto número de asuntos muy importantes»: «Voy a Francia, como a cualquier otro lugar del mundo, ante todo como discípulo de Jesucristo, con la voluntad de anunciar la paz de Cristo por todo el mundo.»
El primer día trae una agenda densa: discurso en el Elíseo ante las autoridades y el cuerpo diplomático, discurso en la sede de la UNESCO, donde debe renovar su llamamiento a regular la inteligencia artificial, un recorrido de 2,5 km en papamóvil hasta Notre-Dame, vísperas ante sacerdotes, diáconos y seminaristas, y luego una vigilia de oración en el Stade de France ante 80 000 jóvenes. Seguirán la gruta de Lourdes, una misa dominical en la pradera del santuario, un discurso a los obispos, un encuentro privado con siete víctimas de violencias sexuales en la Iglesia y una procesión de antorchas. La agenda temática anunciada cabe en tres palabras: inteligencia artificial, eutanasia, abusos.
Juzgamos un viaje así con la vara que no cambia. El primer oficio del sucesor de Pedro no es comentar el siglo, sino confirmar a sus hermanos en la fe: «Y tú, cuando te conviertas y arrepientas, confirma en ella á tus hermanos» (Lucas, XXII, 32). La paz que un papa trae es la de Cristo, que no es la del mundo: «La paz os dejo, la paz mia os doy: no os la doy yo, como la da el mundo» (Juan, XIV, 27). Se recibe de rodillas antes de alegarse en las tribunas.
A esta vara, el orden de las cosas importa. La eutanasia no es un «asunto» de sociedad que regular: es el homicidio del inocente, que el quinto mandamiento prohíbe sin excepción y que ninguna compasión vuelve lícito. La Iglesia no tiene aquí un parecer que matizar, sino una ley que repetir. Sobre los abusos, el primer remedio no es de procedimiento: es el temor de Dios y la penitencia, pues se ha dicho que más le valdría al culpable que le echasen al cuello una rueda de molino (Lucas, XVII, 2).
En cuanto a ese «fragmento de ADN sintético» que debería portar el Evangelio, solo recuerda que la Palabra no se guarda en la materia: se predica, se cree y se guarda en las almas. Lo demás sigue siendo un programa, es decir, discursos anunciados y no actos cumplidos; lo mediremos por lo que haga, no por lo que promete. En Lourdes, al menos, la Santísima Virgen no espera de nadie un discurso.
Fuentes. Catecismo del Concilio de Trento (1566), explicación del quinto mandamiento; Evangelio según san Lucas, XXII, 32 y XVII, 2; Evangelio según san Juan, XIV, 27 (Vulgata).