Actualidad
Pittsburgh deja expirar su misa tradicional diocesana
El obispo de Pittsburgh no renovará el permiso para emplear el Misal de 1962, dejando extinguirse una misa tradicional diocesana.

El obispo de Pittsburgh, Mons. Mark Eckman, ha anunciado que no pedirá la renovación del permiso para emplear el Misal romano de 1962 en la parroquia Mary, Queen of Saints, en Aliquippa, una pequeña ciudad de unos 9000 habitantes. Dejará que ese permiso se extinga al vencer el plazo concedido, en vez de solicitar su prórroga al Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
«He decidido no pedir la renovación del permiso [...] para emplear el Misal romano de 1962 en la parroquia Mary, Queen of Saints. Dejaré más bien que el permiso actual cese al vencer el plazo concedido», declaró. La misa según el rito antiguo sigue celebrándose en una parroquia de Pittsburgh confiada al Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote, y el obispo invita a los fieles apegados al Misal de 1962 a acudir a ella: «si, pasado ese término, algunos fieles desean aún adorar al Señor según el Misal romano de 1962, los invito y los animo a acudir allí».
El alcance de la medida se refiere de modo diverso. Según una lectura, se trataría de la última misa tradicional diocesana de la diócesis de Pittsburgh, que se celebraría el viernes 4 de septiembre de 2026; según otra, la misa suprimida es precisamente la de Aliquippa, mientras la parroquia confiada al Instituto de Cristo Rey continúa ofreciendo el rito de 1962. La decisión llega cinco meses después de que el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, animara a los obispos de Francia a mostrarse generosos con los fieles apegados a la misa tradicional.
Lo que la Iglesia siempre ha sostenido
El rito romano tradicional no es una concesión revocable. Por la bula Quo Primum Tempore (1570), san Pío V estableció el Misal romano y concedió a todo sacerdote, a perpetuidad, la facultad de servirse de él, prohibiendo que jamás se le obligara a abandonarlo o que se le inquietara por ello en modo alguno. El concilio de Trento, en su sesión XXII (1562), había definido que la misa es un sacrificio verdadero y propiamente dicho, ofrecido por los vivos y por los muertos, y fulminó anatema contra quien lo niegue. Este rito es el tesoro común de la Iglesia latina, no el objeto de una autorización cuyos meses se cuentan.
La medida
Reducir un rito inmemorial al régimen de un permiso temporal, que se deja expirar como un plazo administrativo, es tratar como favor precario lo que la tradición tiene por un bien adquirido y perpetuo. El acto no abole el rito: le retira el acceso en una parroquia y remite a sus fieles a otro lugar. Pero la lógica permanece. Lo que san Pío V quiso perpetuo e inviolable, se somete a un vencimiento. Ahí está la distancia, y no es pequeña.
Lo que retienen los fieles
Que la misa de siempre no se merece ni caduca. Allí donde permanece accesible, uno se apega a ella; allí donde se la retira, se guarda la fe que la Iglesia siempre ha enseñado, sin cisma ni huida. El rito no es una comodidad pastoral que se abre y se cierra: es el sacrificio mismo del Calvario, ofrecido tal como la Iglesia lo ha recibido.
Fuentes. San Pío V, bula Quo Primum Tempore (1570), sobre el uso perpetuo del Misal romano. Concilio de Trento, sesión XXII (1562), doctrina y cánones sobre el santo sacrificio de la misa. Catecismo del Concilio de Trento (1566), del sacramento de la Eucaristía y del santo sacrificio de la misa.