Actualidad
Tres iglesias profanadas en una archidiócesis: el sacrilegio no es vandalismo
Tres iglesias de una misma archidiócesis de Francia fueron profanadas en pocos días: lo que el mundo llama vandalismo, la Iglesia lo llama sacrilegio.

En pocos días, tres iglesias de una misma archidiócesis de Francia — en Chambray-lès-Tours, en Luynes y en Tours — fueron profanadas. Lugares consagrados, donde reposa el Santísimo Sacramento, fueron mancillados y saqueados. El mundo llamará a esto vandalismo, un atentado contra el patrimonio, un asunto de cerraduras rotas y daños materiales. La Iglesia, en cambio, conoce otro nombre para esta herida: sacrilegio.
Porque una iglesia no es un edificio más entre otros. Está consagrada, arrancada al uso común, entregada solo a Dios; a su casa conviene la santidad por toda la duración de los días. Lo que allí se guarda no es una obra de arte: es la Presencia real, el Cuerpo del Señor bajo las especies del pan. Profanar ese lugar no es romper piedra — es poner la mano sobre las cosas santas y, a través de ellas, sobre Aquel que allí habita. El Catecismo del Concilio de Trento enseña que el sacrilegio viola a una persona, un lugar o una cosa consagrados a Dios, y lo cuenta entre los pecados que claman al Cielo.
Midamos, pues, el hecho por la medida que no cambia. El Señor, al entrar en el Templo, no alegó el patrimonio: « Mi casa será llamada casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. » La justa respuesta del cristiano no es ni la indiferencia del que se encoge de hombros, ni el odio del que devuelve golpe por golpe. Es la reparación: el celo que llora el ultraje y lo lava con la adoración. « Porque el celo de tu casa me devoró. » Donde se ha ofendido al Dios escondido, que se vuelva de rodillas; donde se han apagado lámparas, que se encienda de nuevo el desagravio. El enemigo puede quebrar un sagrario; no quiebra la Hostia que perdona, ni la Iglesia que repara.
Fuentes. Catecismo del Concilio de Trento (1566), del sacramento de la Eucaristía y del respeto debido a los lugares consagrados; Evangelio según san Mateo, XXI, 13; Salmos XCI, 5 y LXVIII, 10 (Vulgata). Dom Guéranger, El Año Litúrgico, sobre la Dedicación de las iglesias.