Novenas
Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa
El texto completo y tradicional de la Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa: la oración diaria, los nueve días con sus meditaciones, cómo rezarla y la historia de las apariciones a Santa Catalina Labouré.

La Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa es una de las devociones marianas más queridas y confiadas del pueblo católico, y se reza para pedir a la Santísima Virgen su auxilio en cualquier necesidad del alma o del cuerpo: la conversión de un ser querido, la salud, la paz en el hogar, una gracia que parece imposible. Es la súplica de todos aquellos que acuden a María como a la dispensadora de las gracias de su Hijo, tal como Ella misma se mostró a Santa Catalina Labouré en 1830. Puede rezarse en cualquier momento del año, pero de manera especial en los nueve días que preceden a su fiesta, del 18 al 26 de noviembre, para celebrar la manifestación de la Medalla el 27 de noviembre.
Si no estás familiarizado con esta forma de oración, te será útil leer primero qué es una novena y la historia de la Medalla Milagrosa misma, que la Virgen entregó al mundo como escudo de su protección.
Oración para todos los días de la novena
Antes de la meditación de cada día, comenzamos por la señal de la cruz y rezamos esta oración preparatoria, que se repite los nueve días:
Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa. Creo y espero en tu Medalla, Madre mía del cielo, y la amo con todo mi corazón, y tengo la plena seguridad de que no me veré desatendido. Amén.
A continuación rezamos la oración de la novena, en la cual se presenta la petición que se desea alcanzar:
Oh Inmaculada Virgen María, Madre de nuestro Señor Jesucristo y Madre nuestra: llenos de viva confianza en tu poderosa intercesión, tantas veces manifestada por la Medalla Milagrosa, estos tus humildes y fieles hijos te suplicamos nos consigas las gracias y favores que te pedimos durante esta novena, si han de ser para el bien de nuestras almas y de aquellas por quienes rogamos (aquí se hace la petición que se desea obtener).
Oh María, bien sabes cuántas veces nuestras almas han sido morada de tu Divino Hijo, que aborrece la iniquidad. Consíguenos aversión al pecado y pureza de corazón que nos una a Dios; palabras y obras que sirvan únicamente para su mayor gloria. Consíguenos también un espíritu de abnegación, para que por medio de la penitencia recobremos lo que perdimos por el pecado, y podamos llegar finalmente a la bienaventurada morada donde eres Reina de los ángeles y de cada uno de nosotros. Amén.
Se hace después una breve pausa para meditar la consideración del día y pedir la gracia deseada, y se termina con la oración Acordaos, tres Avemarías y la jaculatoria que la misma Virgen enseñó:
¡Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti!
Los nueve días de la novena
Primer día — La santa de las desgracias del mundo
En una medianoche iluminada con luz celeste, la del 18 de julio de 1830, se apareció por primera vez la Santísima Virgen a Santa Catalina Labouré, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl. Y le habló de las desgracias y calamidades del mundo con tanta pena y compasión que se le anudaba la voz en la garganta y le saltaban las lágrimas de los ojos.
¡Cómo nos ama nuestra Madre del cielo! ¡Cómo siente las penas de cada uno de sus hijos! Que tu recuerdo y tu Medalla, Virgen Milagrosa, sean alivio y consuelo de todos los que sufren y lloran en el desamparo.
Segundo día — Al pie del altar se dan las gracias
En aquella primera aparición, la Virgen enseñó a Santa Catalina la manera de portarse en las penas y tribulaciones que se avecinaban. «Ven al pie de este altar —le dice la celestial Señora—; aquí se distribuirán las gracias a cuantas personas las pidan con confianza y fervor, a los grandes y a los pequeños.»
Que la Virgen de la santa Medalla y Jesús en el sagrario sean siempre luz, fortaleza y guía de nuestra vida.
Tercer día — La confianza en las horas malas
En sus confidencias dijo la Virgen a Sor Catalina: «Acontecerán no pequeñas calamidades; el peligro será tan grande que llegará un momento en que todo se creerá perdido. Entonces yo estaré con vosotros: tened confianza.»
Refugiémonos en esta confianza, apoyados con firmeza en la seguridad de su presencia y de su protección. Y en las horas malas y en los momentos difíciles no cesemos de invocarla: «Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.»
Cuarto día — El mundo en las manos de María
En la tarde del 27 de noviembre de 1830 bajó otra vez del cielo la Santísima Virgen para manifestarse a Santa Catalina Labouré. De pie entre resplandores de gloria, tenía en sus manos una pequeña esfera y aparecía en actitud de profunda oración. Después, sin dejar de apretar la esfera contra su pecho, mira a Sor Catalina y le dice: «Esta esfera representa al mundo entero, y a cada persona en particular.»
Como el hijo pequeño en brazos de su madre, así estamos nosotros en el regazo de María, muy junto a su Corazón Inmaculado. ¿Es posible estar en un lugar más seguro?
Quinto día — Los rayos de la gracia
De las manos de María Milagrosa, como de una fuente luminosa, brotaban en cascada rayos de luz. Y la Virgen explicó: «Es un símbolo de las gracias que yo derramo sobre cuantas personas me las piden», haciéndole comprender —añade Santa Catalina— lo mucho que le agradan las súplicas que se le hacen y la libertad con que las atiende.
La Virgen Milagrosa es la Madre de la divina gracia. ¿Por qué, entonces, no recurrir a Ella en todas nuestras necesidades?
Sexto día — La invocación que enseñó la Virgen
Como marco de gloria en torno a la Virgen, vio Sor Catalina aparecer unas letras de oro que decían: «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.» Y en seguida oyó una voz que recomendaba llevar la Medalla y repetir a menudo aquella oración jaculatoria, y prometía gracias especiales a quienes así lo hicieran.
¿Podemos dejar de usar esta Medalla y las oraciones que nos ha enseñado? Sería inconcebible renunciar a un medio tan fácil de asegurarnos en todo momento el favor de la Santísima Virgen.
Séptimo día — La gran promesa de la Medalla
Nuestra Señora ordenó a Sor Catalina que fuera acuñada una Medalla según el modelo que Ella misma le había mostrado. Después le dijo: «Cuantas personas la lleven recibirán grandes gracias, que serán más abundantes al llevarla al cuello con confianza.»
Esta es la gran promesa de la Medalla Milagrosa. Agradezcámosle tanta bondad, y guardemos siempre nuestro pecho con la Medalla que es prenda segura de la protección de María.
Octavo día — La medalla de los milagros
Fueron tantos y tan portentosos los milagros obrados por dondequiera por la nueva Medalla —conversiones de pecadores obstinados, curación de enfermos desahuciados, hechos maravillosos de toda clase— que las personas comenzaron a llamarla «la Medalla de los milagros», la Medalla Milagrosa; y con este nombre glorioso se ha propagado rápidamente por todo el mundo.
Deseosos de contribuir también nosotros a la mayor gloria de Dios y honor de su Madre Santísima, seamos desde este día apóstoles de su milagrosa Medalla.
Noveno día — La prueba del amor de la Madre
Las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa constituyen, sin duda, una de las pruebas más exquisitas de su amor maternal y misericordioso. Amemos a quien tanto nos amó y nos ama. «Si amo a María —decía San Juan Berchmans— tengo asegurada mi eterna salvación.»
Como su feliz vidente y confidente, Santa Catalina Labouré, pidamos cada día a Nuestra Señora la gracia de su amor y de su devoción.
Acto de consagración
Muchos fieles terminan la novena, y en particular el día de la fiesta, con este acto de consagración a Nuestra Señora:
Oh Virgen, Madre de Dios, Inmaculada María: nos ofrecemos y consagramos a ti, bajo el título de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Que esta Medalla sea para cada uno de nosotros prenda del amor que nos tienes, y nos recuerde nuestros deberes para contigo. Que, siempre que la llevemos, nos bendiga tu amorosa protección y nos conserve en la gracia de tu Hijo. Oh Virgen poderosa, consérvanos siempre a tu lado en todos los instantes de nuestra vida. Concede a estos hijos la gracia de una buena muerte, para que en unión contigo podamos gozar de la eterna felicidad. Amén.
Variantes de la novena que quizás buscabas
Muchos acuden a esta oración con una necesidad muy concreta. La novena es siempre la misma; lo que cambia es la intención que ponemos en las manos de la Virgen. Estas son las formas más pedidas:
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Novena a la Virgen Milagrosa para una causa imposible. No existe «causa imposible» para la Madre de Dios: allí donde el peligro es tan grande «que todo se cree perdido», Ella dijo «tened confianza». Reza los nueve días con perseverancia y confía tu asunto a la que es Omnipotencia suplicante. Puede acompañarse con la oración para casos difíciles.
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Novena a la Virgen Milagrosa por una intención concreta. En la oración de la novena, allí donde se indica, presentamos con sencillez nuestra petición: la salud de un enfermo, el trabajo honrado que falta, la reconciliación de un matrimonio, la conversión de un hijo alejado. La Virgen «atiende con libertad» las súplicas que se le hacen.
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Novena corta a la Virgen de la Milagrosa. Si el tiempo apremia, basta con la señal de la cruz, la oración preparatoria, la consideración del día, la jaculatoria «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti» repetida tres veces y un Avemaría. Lo esencial no es la extensión, sino la confianza y la constancia de los nueve días.
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Novena a la Medalla Milagrosa en PDF y para imprimir. Puedes copiar el texto de esta página e imprimirlo para rezarlo en familia. En la aplicación Iter Fidei lo tienes siempre a mano, día por día.
Sea cual sea tu intención, cuida de reencauzarla siempre hacia lo que la Iglesia bendice: la paz, la conversión, la provisión honrada, la salud del alma y del cuerpo. La devoción a la Medalla Milagrosa es una súplica humilde a la Madre de Dios, nunca un conjuro ni un modo de forzar la voluntad de nadie.
Cómo se reza esta novena
Cuándo empieza. La novena consiste en nueve días seguidos de oración. Aunque puede rezarse en cualquier época por una necesidad particular, la novena «de fiesta» comienza el 18 de noviembre y concluye el 26, de modo que el noveno día caiga en la víspera de la solemnidad. Al día siguiente, el 27 de noviembre, celebramos la fiesta de la Manifestación de la Medalla Milagrosa.
Cómo se reza cada día. Cada jornada seguimos siempre el mismo orden: la señal de la cruz, la oración preparatoria, la oración de la novena con nuestra petición, la consideración propia del día, una pausa para meditar y, finalmente, el Acordaos, tres Avemarías y la jaculatoria. Es muy recomendable rezarla llevando puesta la Medalla y, si es posible, acudir a la Santa Misa y a la Sagrada Comunión el día de la fiesta.
Con qué disposición. Como toda buena súplica, la novena da su fruto cuando va acompañada de la enmienda de vida. Un buen examen de conciencia y una confesión bien hecha disponen el alma a recibir las gracias que la Virgen quiere darnos. Si deseas prolongar esta devoción mariana, encajan muy bien con ella el Santo Rosario completo y la Novena a la Inmaculada Concepción, pues la Medalla no es sino la imagen viva del misterio de la Inmaculada.
Quién fue Santa Catalina Labouré y la historia de la devoción
Zoé Labouré —en religión, Sor Catalina— nació el 2 de mayo de 1806 en Fain-lès-Moutiers, una aldea de Borgoña, en el seno de una numerosa familia campesina. Perdió a su madre siendo aún niña; y, según refiere la piadosa tradición, la pequeña Zoé tomó en sus brazos una imagen de la Santísima Virgen y le dijo: «Ahora tú serás mi madre.» Aquel gesto marcó toda su vida. Muy pronto sintió el llamamiento a consagrarse a Dios, y en un sueño vio a un venerable sacerdote anciano que le anunciaba una vocación especial; años después reconocería en aquel rostro a San Vicente de Paúl, comprendiendo que su lugar estaba entre las Hijas de la Caridad, las hijas del santo de los pobres.
Ingresó en la Compañía de las Hijas de la Caridad y fue destinada a la casa de la calle du Bac, en París. Allí, en la noche del 18 de julio de 1830, un ángel con figura de niño la despertó y la condujo a la capilla, donde tuvo su primer encuentro con la Santísima Virgen, que le habló largamente, arrodillada Catalina con las manos apoyadas en las rodillas de la Señora. En una segunda aparición, la del 27 de noviembre de 1830, la Virgen se le mostró de pie sobre el globo del mundo, aplastando la cabeza de la serpiente, con las manos irradiando rayos de luz, y rodeada de la inscripción: «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.» La Señora le pidió que se acuñara una medalla con aquella imagen, prometiendo grandes gracias a cuantos la llevaran con confianza.
Estas apariciones se dieron veinticuatro años antes de que el Papa Pío IX definiera el dogma de la Inmaculada Concepción (1854): el Cielo se adelantaba a proclamar aquella verdad. La primera medalla se acuñó en 1832, en plena epidemia de cólera en París, y los prodigios de conversión y de curación que la acompañaron fueron tan numerosos que el pueblo dejó de llamarla «medalla de la Inmaculada Concepción» para llamarla sencillamente «la Medalla Milagrosa».
Sor Catalina, entretanto, guardó su secreto con humildad heroica: durante cuarenta y seis años, sólo su confesor supo que ella era la vidente. Vivió oscuramente, cuidando ancianos y atendiendo un gallinero, hasta su muerte, acaecida el 31 de diciembre de 1876. Su cuerpo se conserva incorrupto en la capilla de la calle du Bac. Fue beatificada por el Papa Pío XI el 28 de mayo de 1933 y canonizada por el Papa Pío XII el 27 de julio de 1947. La fiesta de la Manifestación de la Medalla Milagrosa, fijada al 27 de noviembre, fue concedida por el Papa León XIII en 1894 a la familia vicenciana y a cuantos la piden. Es, pues, una devoción plenamente tradicional, anterior en todo al concilio, que la Iglesia ha bendecido de mil maneras.
Preguntas Frecuentes
¿Cuándo empieza la novena de la Milagrosa?
La novena, por su misma naturaleza, dura nueve días seguidos. Puede comenzarse en cualquier momento por una necesidad particular. Para rezarla de cara a la fiesta, se comienza el 18 de noviembre, de modo que los nueve días concluyan el 26, víspera de la solemnidad.
¿Qué día comienza la novena de la Medalla Milagrosa?
Tradicionalmente se inicia el 18 de noviembre y se termina el 26 de noviembre. Así, el último día coincide con la víspera de la fiesta de la Manifestación de la Medalla Milagrosa, que se celebra el 27 de noviembre.
¿Cómo se reza el primer día de la novena?
El primer día, como todos, se comienza por la señal de la cruz y la oración preparatoria; luego se reza la oración de la novena presentando la petición, se medita la consideración del primer día —la primera aparición del 18 de julio de 1830— y se concluye con el Acordaos, tres Avemarías y la jaculatoria «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.»
¿Para qué sirve la Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa?
Sirve para pedir a la Santísima Virgen su auxilio maternal en toda necesidad legítima: la salud, la conversión de los pecadores, la paz en las familias, el trabajo, el consuelo en las penas y, sobre todo, la gracia de una buena muerte. Ella misma prometió distribuir sus gracias «a cuantos las pidan con confianza y fervor».
¿Es necesario llevar la Medalla Milagrosa para rezar la novena?
No es indispensable, pero es muy conveniente y hermoso. La Virgen prometió gracias especiales a quienes la llevan puesta con confianza. Conviene que la Medalla esté bendecida por un sacerdote; llevarla es un acto de fe y de amor filial, no un amuleto ni un objeto de superstición.
¿Se puede rezar esta novena por una causa muy difícil o «imposible»?
Sí, y es precisamente entonces cuando más conviene. Para Dios y para su Madre no hay causa perdida. La Virgen dijo a Santa Catalina que, cuando «todo se crea perdido», Ella estará con nosotros; por eso acudimos a Ella con perseverancia, disponiendo también el alma con la confesión y con la resignación a la santa voluntad de Dios.
¿En qué se distingue de otras devociones marianas?
La Medalla Milagrosa es una prolongación viva del misterio de la Inmaculada Concepción y una invitación a la consagración a María. Se distingue por su carácter humilde y confiado, y por el signo sensible de la Medalla, que la Virgen quiso dejar al mundo como prenda de su ternura maternal.
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Fuentes. Sagrada Escritura (Evangelio según San Lucas, Biblia de Torres Amat); novena tradicional de la Congregación de la Misión (Padres Paúles) y de la Familia Vicenciana a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa; relaciones de las apariciones de la calle du Bac a Santa Catalina Labouré (1830); oración Memorare de San Bernardo y jaculatoria aprobada de la Medalla Milagrosa; actas de canonización de Santa Catalina Labouré (Pío XII, 1947).