Salmos
Salmo 37 (Salmo 36 en la Vulgata): No Envidies la Prosperidad de los Malignos
El Salmo 37 completo (Salmo 36 en la Vulgata), el salmo de la paciencia ante la prosperidad de los malos. Texto en español (Torres-Amat) y en latín, con su sentido tradicional y cómo rezarlo cuando triunfa la injusticia.

Una de las pruebas más antiguas del alma creyente es ver que a los malos les va bien. El justo lucha, sufre y a menudo carece de lo necesario, mientras el impío prospera, se enriquece y parece no rendir cuentas a nadie. El Salmo 37 nace precisamente de ese desconcierto, y le responde con una sola palabra: paciencia. "No envidies la prosperidad de los malignos." Es el salmo de la confianza tranquila, el salmo del anciano que ha visto pasar muchas cosas y puede decir: "nunca he visto desamparado al justo." Aquí les dejamos el Salmo 37 completo, en español y en latín, con su sentido tradicional y unas líneas sobre cómo rezarlo cuando la injusticia del mundo nos turba el corazón.
Salmo 37 o Salmo 36: por qué la doble numeración
Si buscan ustedes este salmo en una Biblia católica antigua, hecha sobre la Vulgata de San Jerónimo, lo encontrarán bajo el número 36, no 37. No es un error. La Vulgata sigue la numeración del Salterio griego de los Setenta, que junta en uno solo los salmos 9 y 10 del texto hebreo. Desde ese punto y casi hasta el final del Salterio, el número hebreo es siempre uno más que el de la Vulgata: lo que las Biblias modernas llaman Salmo 37 es exactamente el Salmo 36 de la tradición latina de la Iglesia.
Es el mismo salmo, palabra por palabra. Para no confundirse, lo más seguro no es fiarse del número sino de las primeras palabras: si el salmo empieza por "No envidies la prosperidad de los malignos, ni tengas celos de los que obran la iniquidad" (en latín, Noli aemulari in malignantibus), tienen ustedes delante el verdadero salmo de la paciencia, lo numere como lo numere su edición.
Salmo 37 completo (Salmo 36 de la Vulgata)
Damos el texto en la traducción tradicional de Félix Torres Amat sobre la Vulgata, con la ortografía actualizada para una lectura más fácil:
No envidies la prosperidad de los malignos, ni tengas celos de los que obran la iniquidad;
porque como heno se han de secar muy presto, y como las hierbas tiernas se marchitarán al momento.
Pon tu esperanza en el Señor, y haz obras buenas, y habita la tierra, y te apacentarás en sus riquezas.
Cifra tus delicias en el Señor, y te otorgará cuanto desea tu corazón.
Descubre al Señor tu camino, y espera en él; y él obrará.
Y hará brillar tu justicia como la luz, y tu derecho como el sol de mediodía.
Vive sujeto al Señor, y ruégale. No tengas envidia del que prospera en su camino, del hombre que comete injusticias.
Deja la ira, y depón el furor; no quieras imitar al malvado para hacer el mal.
Porque los que obran mal serán exterminados; mas los que esperan en el Señor heredarán la tierra.
Aguarda todavía un poco, y verás que ya no existe el pecador; buscarás el lugar donde estaba, y no le hallarás.
Pero los mansos heredarán la tierra, y gozarán de abundancia de paz.
Acechará el pecador al justo, y rechinará contra él sus dientes.
Pero el Señor se reirá de él, porque está viendo que se acerca su día.
Desenvainaron la espada los pecadores, entesaron su arco para derribar al pobre y al desvalido, para asesinar a los de recto corazón.
Pero su misma espada traspasará sus propios corazones, y será hecho pedazos su arco.
Más vale lo poco del justo que las grandes riquezas de los pecadores;
porque los brazos de los pecadores serán quebrantados, mas a los justos los sostiene el Señor.
Conoce el Señor los días de los que viven sin mancilla, y la herencia de ellos será eterna.
No serán confundidos en el tiempo calamitoso, y en los días de hambre serán saciados; porque perecerán los pecadores.
Y los enemigos del Señor, apenas sean honrados y ensalzados, vendrán a desaparecer enteramente como el humo.
Tomará prestado el pecador, y no pagará; mas el justo se compadece y da.
Por tanto, los que bendicen a Dios heredarán la tierra; mas los que le maldicen perecerán.
El Señor dirigirá los pasos del hombre justo, y aprobará su conducta.
Si cayere, no se lastimará, porque el Señor le sostiene con su mano.
Joven fui, y ya soy viejo; mas nunca he visto desamparado al justo, ni a sus hijos mendigando el pan.
Todo el día se compadece y presta, y su descendencia será bendita.
Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás por los siglos de los siglos;
porque el Señor ama la justicia, y no abandonará a sus santos: serán guardados eternamente.
Los injustos serán castigados, y la raza de los impíos perecerá.
Pero los justos heredarán la tierra, y la habitarán por los siglos de los siglos.
La boca del justo será un manantial de sabiduría, y su lengua hablará lo que es recto.
La ley de su Dios la lleva en su corazón, y no vacilarán sus pasos.
Acecha el pecador al justo, y busca cómo darle muerte;
mas el Señor no le abandonará en sus manos, ni le condenará cuando fuere juzgado.
Espera en el Señor, y guarda su ley; y él te ensalzará para que poseas la tierra por herencia, y verás con tus ojos la ruina de los pecadores.
Vi yo al impío sumamente ensalzado, y empinado como los cedros del Líbano;
pasé de allí a poco, y ya no existía; le busqué, y no se halló ni rastro de él.
Conserva tú la inocencia, y atiende a la justicia, porque el hombre pacífico tendrá un fin dichoso.
Mas los injustos perecerán todos juntos; cuanto quede de los impíos será exterminado.
La salvación de los justos viene del Señor, y él es su protector en el tiempo de la tribulación.
El Señor los ayudará, y los librará, y los sacará de las manos de los pecadores, y los salvará, porque pusieron en él su confianza. (Salmo 36)
El Salmo 37 en latín (Vulgata)
Noli aemulari in malignantibus, neque zelaveris facientes iniquitatem; quoniam tamquam fenum velociter arescent, et quemadmodum holera herbarum cito decident. Spera in Domino, et fac bonitatem; et inhabita terram, et pasceris in divitiis eius. Delectare in Domino, et dabit tibi petitiones cordis tui. Revela Domino viam tuam, et spera in eo, et ipse faciet. Et educet quasi lumen iustitiam tuam, et iudicium tuum tamquam meridiem. Subditus esto Domino, et ora eum. Noli aemulari in eo qui prosperatur in via sua, in homine faciente iniustitias. Desine ab ira, et derelinque furorem; noli aemulari ut maligneris. Quoniam qui malignantur exterminabuntur; sustinentes autem Dominum, ipsi hereditabunt terram. Et adhuc pusillum, et non erit peccator; et quaeres locum eius, et non invenies. Mansueti autem hereditabunt terram, et delectabuntur in multitudine pacis.
Qué dice el Salmo 37, versículo a versículo
El salmo está construido como un acróstico alfabético: en el original hebreo, sus estrofas comienzan por las letras sucesivas del abecedario. Esa forma tan ordenada no es casual; es el modo de decir que la sabiduría de la paciencia abarca todo, de la primera a la última letra. No es un salmo de súplica angustiada, sino la voz serena de un maestro que enseña.
Primero, el mandato repetido: no envidies (vv. 1-11). Tres veces vuelve el salmo sobre lo mismo —"no envidies", "deja la ira", "aguarda todavía un poco"— porque la tentación es tenaz. La prosperidad del malo es engañosa: "como heno se han de secar muy presto" (v. 2). La respuesta no es la indignación, sino tres actos del alma confiada: esperar en el Señor, hacer el bien y deleitarse en Dios (vv. 3-4).
Después, el contraste de las dos suertes (vv. 12-29). El salmo pone una junto a otra la suerte del impío y la del justo: el malvado desenvaina la espada, pero "su misma espada traspasará sus propios corazones" (v. 15); acumula riquezas, pero "más vale lo poco del justo" (v. 16). Y en medio, aquel versículo que tantos santos han repetido al final de su vida: "Joven fui, y ya soy viejo; mas nunca he visto desamparado al justo" (v. 25).
Por fin, la herencia de los mansos (vv. 30-40). Cuatro veces promete el salmo que los justos "heredarán la tierra". Nuestro Señor recogió esta misma promesa en las Bienaventuranzas —"Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra" (Mt 5, 4)—, y la Iglesia entendió siempre que esa tierra prometida es, por encima de la terrena, la herencia eterna del cielo.
El Salmo 37 como oración: para qué sirve y cómo rezarlo
El Salmo 37 como oración es el remedio de la tradición contra dos venenos del alma: la envidia del que ve triunfar a los malos y la impaciencia del que querría ver ya la justicia de Dios. Sirve para el que se escandaliza de la prosperidad de los impíos, para el que sufre por la injusticia del mundo, y para el anciano que mira atrás su vida y quiere darle gracias a Dios por haberlo sostenido.
Para rezarlo bien conviene recordar tres cosas. Primera: la paciencia no es pasividad, sino confianza activa —el salmo manda "hacer el bien" mientras se espera. Segunda: la "tierra" que se promete no es sobre todo este mundo que pasa, sino el cielo; por eso el justo puede perder aquí y vencer allá. Y tercera: el salmo enseña a mirar el final de las cosas, no su apariencia presente —el impío parece un cedro del Líbano, pero "pasé de allí a poco, y ya no existía" (v. 36). Léanlo despacio, deteniéndose en "espera en el Señor, y él obrará" (v. 5), y terminen con el Gloria al Padre. Si quieren acompañarlo de otros textos de confianza, encuentran aquí los grandes salmos de protección de la tradición.
Preguntas Frecuentes
¿Qué dice el Salmo 37 de la Biblia católica?
El Salmo 37 —Salmo 36 en la Vulgata— enseña al justo a no envidiar la prosperidad de los malos ni perder la paz cuando triunfa la injusticia. Promete que los impíos se secarán como el heno y que los mansos heredarán la tierra, y manda esperar en el Señor, apartarse del mal y hacer el bien. Es, ante todo, un salmo de paciencia y de confianza tranquila en la justicia de Dios.
¿Quién escribió el Salmo 37?
La tradición lo atribuye al rey David, y así lo encabeza la Vulgata: "Salmo del mismo David". Es el salmo de un hombre que ha vivido mucho —"joven fui, y ya soy viejo" (v. 25)— y que ha aprendido por experiencia la fidelidad de Dios. La Iglesia lo recibe sobre todo como Palabra de Dios inspirada por el Espíritu Santo.
¿Para qué sirve el Salmo 37?
Sirve para vencer la envidia y la impaciencia ante el éxito de los malos, y para recobrar la paz cuando la injusticia del mundo turba el corazón. La tradición lo reza como salmo de confianza y paciencia, especialmente útil para el que sufre injustamente, para el que se escandaliza de que a los impíos les vaya bien, y para dar gracias a Dios al cabo de una larga vida.
¿Por qué el Salmo 37 dice que los mansos heredarán la tierra?
Porque es la gran promesa de Dios a los humildes y pacientes, que Nuestro Señor hizo suya en las Bienaventuranzas (Mt 5, 4). La "tierra" prometida es, antes que cualquier herencia terrena, la vida eterna del cielo. El salmo enseña que el manso parece perder en este mundo, pero es él quien recibe la herencia que no pasa.
¿Cómo se reza el Salmo 37?
Se reza despacio, como una meditación, deteniéndose en sus mandatos —"no envidies", "espera en el Señor", "apártate del mal"— y dejándolos calar en el corazón. Conviene leerlo entero, terminar con el Gloria al Padre y, si uno está turbado por alguna injusticia, repetir el versículo "espera en el Señor, y él obrará" (v. 5) a lo largo del día.
Para seguir rezando con los Salmos
- Salmo 91: El que habita al amparo del Altísimo
- Salmo 23: El Señor es mi pastor
- Salmo 27: El Señor es mi luz y mi salvación
- Salmos de protección
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Fuentes. Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat sobre la Vulgata (Salmo 36, vv. 1-40; cf. Mt 5, 4). Texto latino según la Vulgata Clementina (Noli aemulari in malignantibus, Salmo 36). Numeración de los salmos según la Vulgata y el texto hebreo.