Actualidad
Los Comunes rechazan el suicidio asistido por 286 votos contra 270
Los Comunes británicos rechazaron por 286 votos contra 270 la legalización del suicidio asistido en Inglaterra y el País de Gales.

El 11 de septiembre de 2026, la Cámara de los Comunes rechazó por 286 votos contra 270 el proyecto de ley que habría legalizado el suicidio asistido en Inglaterra y el País de Gales para los enfermos cuyo pronóstico vital no superara los seis meses. Este voto cierra un debate parlamentario de dos años: aprobado por los Comunes en 2024, y de nuevo en junio de 2025, el texto había quedado bloqueado en la Cámara de los Lores, que había presentado cerca de 1.200 enmiendas antes del fin de la sesión en abril, antes de ser reintroducido en junio. El debate final duró cuatro horas.
La Iglesia nunca ha tenido la vida humana por un bien del que el hombre disponga a su antojo. El quinto mandamiento, «No matarás», prohíbe a cada uno atentar contra su propia vida como contra la de los demás, pues nadie es dueño de lo que no ha recibido de sí mismo. Santo Tomás enseña que darse la muerte es un triple agravio: contra el amor que todo ser se debe a sí mismo, contra la comunidad de la que se sustrae, y contra Dios, único señor de la vida y de la muerte. Llamar «derecho» o «compasión» a la ayuda para matarse no cambia en nada la naturaleza del acto: sigue siendo un homicidio, y el concurso que se le presta, una cooperación al homicidio.
Medido con esta regla, el proyecto era malo en su principio, y no solo en sus salvaguardas. Antes del voto, el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Inglaterra y Gales había llamado a los fieles a escribir a sus diputados, advirtiendo que semejante texto, una vez aprobado, expondría a las personas vulnerables a la presión de acabar con su vida. Tras el rechazo, el obispo encargado de las cuestiones de la vida agradeció a quienes habían combatido el proyecto, recordando que la verdadera medida de una sociedad compasiva es su voluntad de acompañar a los suyos en la prueba antes que empujarlos a suprimirse. La propia Iglesia establecida se oponía, estimando su nueva primada que el esfuerzo de prevención del suicidio debía valer también para los enfermos incurables.
El gobierno había dejado a los diputados votar en conciencia, fuera de toda línea de partido. El jefe del gobierno, primer católico en ese cargo desde la ruptura del reino con Roma en el siglo XVI, se mantuvo al margen de la votación, diciendo que no quería pesar indebidamente sobre el debate y reclamando un refuerzo de los cuidados paliativos. En este punto, la tradición no lo contradice: aliviar el dolor, velar y acompañar al moribundo hasta el final es obra de misericordia; precipitar su muerte no lo es jamás. La compasión que mata no es la caridad, que lleva la carga del prójimo sin quitarle el tiempo que Dios le deja.
Fuentes. Catecismo del Concilio de Trento (1566), sobre el quinto mandamiento; santo Tomás de Aquino, Suma teológica, IIa-IIae, q. 64, a. 5; san Agustín, La Ciudad de Dios, libro I.