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León XIV pide a los sacerdotes fidelidad a las rúbricas de la misa de Pablo VI
León XIV pide a los sacerdotes fidelidad a los textos aprobados de la misa y respeto a los ritos de Pablo VI y Juan Pablo II; lo medimos por la enseñanza tridentina sobre las ceremonias del santo sacrificio.

El 14 de agosto de 2026, el papa León XIV hizo pública una carta dirigida al cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Enviada con ocasión de una sesión de formación litúrgica celebrada del 14 al 19 de agosto en la abadía de Mount Angel, en Saint Benedict (Oregón), que reúne a cardenales, obispos y laicos, la carta pide a los sacerdotes permanecer fieles a los textos y a las instrucciones aprobados de la misa y recibir la formación necesaria para celebrar los santos misterios con dignidad.
«Para promover la celebración digna de los santos misterios, debemos subrayar la necesidad de la fidelidad a los textos y a las instrucciones aprobados», escribe el papa. Añade haber «llamado la atención sobre el respeto que todos los que están llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, y los sacerdotes en particular, deben mostrar hacia los ritos promulgados por el papa san Pablo VI y el papa san Juan Pablo II». Y concluye: «Así, mediante una educación apropiada y un culto lleno de reverencia, los católicos serán formados tanto para la liturgia como por la liturgia.»
El papa subraya que cada misa dominical es una ocasión concreta de formación, y que el ars celebrandi compromete a toda la asamblea, no solo al celebrante. El dicasterio precisa, por su parte, que el encuentro pretende «proseguir el camino trazado por Sacrosanctum concilium» y pertenece al discernimiento espiritual más que al estudio erudito. En su texto, el papa se apoya exclusivamente en escritos posteriores al Concilio, citando en particular la carta apostólica Desiderio desideravi de 2022.
La lectura de esta carta es disputada. Según una primera lectura, se trata de un simple recordatorio de la fidelidad a las rúbricas y a la formación litúrgica, en la línea de la constitución conciliar sobre la liturgia. Según otra, es la señal de que el papa no pretende revocar las restricciones impuestas a la misa anterior a la reforma. El prefecto del dicasterio lo declaró en una entrevista: «El papa León no cambiará Traditionis custodes, y no volverá a Summorum pontificum.» Son las palabras de un prefecto, una expectativa expresada en una entrevista, no un decreto: ningún acto formal ha sido promulgado en ese sentido, y el texto mismo se data de forma diversa según los informes.
Lo que la tradición enseña sobre los ritos de la misa
El Catecismo del Concilio de Trento, en el capítulo del santo sacrificio de la misa, enseña que «este sacrificio va acompañado de ceremonias imponentes y majestuosas». Precisa que no hay «ninguna que pueda ser tenida por inútil y superflua», teniendo todas por fin «hacer brillar más la majestad de tan gran Sacrificio» y llevar a los fieles, por estos signos sensibles, a la contemplación de los misterios ocultos. La reverencia debida al rito, la fidelidad a las oraciones fijadas, el rechazo de la arbitrariedad del celebrante: son principios que la Iglesia ha sostenido siempre. El sacerdote no posee la liturgia; la recibe y la sirve.
La medida
En el principio, la llamada a la fidelidad y a la dignidad se sostiene. Recordar que la celebración no es propiedad privada del sacerdote, exigir la reverencia y la exactitud, rechazar la improvisación: concuerda plenamente con la enseñanza tridentina sobre las ceremonias del santo sacrificio, y hay que reconocerlo dondequiera que se oiga.
La dificultad está en otra parte. En su carta, el papa solo juzga la fidelidad con la vara de los libros reformados y se apoya exclusivamente en textos posteriores al Concilio. La tradición, en cambio, mide la fidelidad de un rito por lo que la Iglesia ha ofrecido siempre, y no por el libro aprobado del momento. Ahí está la tensión: se recuerda con razón la reverencia y la fidelidad, mientras se defienden los ritos de 1969 y, según una lectura, se mantiene bajo restricción el rito romano que la Iglesia ha celebrado durante siglos. No pronunciamos nada sobre el hombre ni sobre su cargo; señalamos dónde el principio se une a la tradición y dónde el acto se aparta de ella, y solo tenemos por decidido lo que un acto ha decidido realmente.
Lo que el fiel debe retener
La lección es doble. La reverencia, la fidelidad al rito, el horror a la arbitrariedad litúrgica son exigencias católicas, y podemos alegrarnos de ello. Pero la medida de todo rito sigue siendo el sacrificio que la Iglesia ha ofrecido siempre, no el uso del día. Nos atenemos a la fe y al culto tal como la Iglesia los ha transmitido siempre, sin estrépito y sin ruptura.
Fuentes. Catecismo del Concilio de Trento (1566), capítulo del santo sacrificio de la misa, párrafo de las ceremonias de la misa.