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Dos sermones inéditos de san Agustín hallados en un manuscrito polaco
Dos sermones inéditos de san Agustín sobre la pitonisa de Endor han sido identificados en un manuscrito medieval conservado en Polonia.

Dos sermones hasta ahora desconocidos de san Agustín, obispo de Hipona, acaban de ser identificados en un manuscrito del siglo XII conservado en la biblioteca diocesana de Pelplin, al norte de Polonia. Investigadores alemanes y austriacos han trabajado en ellos durante casi dos años; una edición crítica se anuncia para finales de 2026. El códice contenía seis sermones, cuatro de ellos ya conocidos; dos nunca habían sido advertidos. Fue la atención puesta en dos palabras latinas, « Phytonissa » y « Resuscitatio Samuelis », la que puso a los eruditos sobre la pista.
Los dos textos comentan un pasaje áspero de la Escritura. Saúl, abandonado por Dios, va a consultar a la pitonisa de Endor para hacer subir la sombra de Samuel, en el primer libro de los Reyes (I Samuel), capítulo 28. El manuscrito había sido copiado en una abadía cisterciense, cuya biblioteca fue destruida durante la guerra de los Treinta Años, y luego llevado por unos monjes a su fundación polaca en el siglo XIII. Allí, catalogado pero nunca estudiado a fondo, aguardaba desde hacía siglos.
La Iglesia nunca ha tenido a sus Padres por antigüedades. Son sus maestros, la memoria viva de la fe, y el obispo de Hipona es el mayor de los Doctores latinos. Que una de sus palabras, callada desde hace dieciséis siglos, resurja de un claustro no es una curiosidad de archivo: es un fragmento del tesoro común devuelto a la Iglesia. Y hay que decirlo: fueron manos monásticas las que, pacientes, copiaron y luego custodiaron este códice durante siglos. La ciencia de hoy no ha hecho más que recoger lo que la fidelidad de ayer había salvado.
En el fondo, estos sermones enseñan una disciplina. La cuestión de Endor dividió a los antiguos: ¿era de veras Samuel, o un engaño del espíritu maligno? La Escritura inspirada se inclina de un lado, cuando el libro del Eclesiástico dice del profeta que « Después de esto murió, y se apareció al rey Saúl, y le notificó el fin de su vida, y alzó su voz desde bajo de la tierra profetizando la destrucción de la impiedad del pueblo » (Eclo 46, 23).
Agustín, en cambio, sopesa las dos lecturas y rechaza una sola cosa: lo que contradiría la fe. Ahí está la regla que ningún tiempo deroga. Libertad plena donde la Iglesia no ha definido nada, sumisión plena a lo que ha definido. Se lee lo oscuro por la analogía de la fe, nunca contra ella. El Doctor de Hipona no nos devuelve solo dos sermones; nos devuelve esta medida.
Fuentes. Sagrada Escritura: Eclesiástico 46, 23, y primer libro de los Reyes (I Samuel), capítulo 28, según la Vulgata.