Oraciones
Bendito sea Dios: las Alabanzas de desagravio completas
«Bendito sea Dios, bendito sea su santo Nombre»: el texto completo de las Alabanzas de desagravio que se rezan ante el Santísimo Sacramento tras la bendición, en español y en latín, con su historia desde 1797, su sentido de reparación por la blasfemia y la forma vigente en 1962.
«Bendito sea Dios. Bendito sea su santo Nombre»: así empiezan las Alabanzas de desagravio, la oración que el sacerdote y el pueblo rezan de rodillas ante el Santísimo Sacramento después de la bendición eucarística. Son una serie de bendiciones dirigidas a Dios, a Jesucristo presente en la Eucaristía, a la Virgen, a san José y a los santos, compuestas en 1797 para reparar las blasfemias con que se ofende el Nombre de Dios. Damos aquí su texto completo tal como se rezaba en 1962, su versión latina, su historia línea por línea y su sentido.
Bendito sea Dios: el texto completo de la oración
Se rezan en forma de eco: el sacerdote dice cada línea y el pueblo la repite. Este es el texto tal como estaba en vigor en los libros de 1962:
Bendito sea Dios.
Bendito sea su santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su sacratísimo Corazón.
Bendita sea su preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el santísimo Sacramento del altar.
Bendita sea la incomparable Madre de Dios, la santísima Virgen María.
Bendita sea su santa e inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea san José, su casto esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.
En 1964, después de 1962, el papa Pablo VI añadió una línea más, «Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito» (o «Consolador»), que se dice después de la del Santísimo Sacramento. Es la que se oye hoy en la mayoría de las parroquias. Quien sigue los libros de 1962 la omite.
Las Alabanzas de desagravio en latín
La versión latina, Laudes Divinae, es la que se usa en la liturgia en latín. Quien busca «bendito sea Dios en latín» encuentra aquí cada línea:
Benedictus Deus.
Benedictum Nomen sanctum eius.
Benedictus Iesus Christus, verus Deus et verus homo.
Benedictum Nomen Iesu.
Benedictum Cor eius sacratissimum.
Benedictus Sanguis eius pretiosissimus.
Benedictus Iesus in sanctissimo altaris Sacramento.
Benedicta excelsa Mater Dei, Maria sanctissima.
Benedicta sancta eius et immaculata Conceptio.
Benedicta eius gloriosa Assumptio.
Benedictum nomen Mariae, Virginis et Matris.
Benedictus sanctus Ioseph, eius castissimus Sponsus.
Benedictus Deus in Angelis suis, et in Sanctis suis.
Historia: de 1797 a 1962, línea por línea
Las Alabanzas no salieron enteras de una sola pluma. Su núcleo lo compuso en italiano, en 1797, el jesuita romano Luigi Felici, con el título de «alabanzas en reparación de las blasfemias». Eran los años de la Revolución francesa, cuando la burla pública de Dios y la blasfemia se habían vuelto moneda corriente, y la oración nació como respuesta: donde el Nombre de Dios era maldecido, los fieles lo bendecirían en voz alta. El papa Pío VII la enriqueció con indulgencias en 1801.
El texto original tenía ocho alabanzas: Dios; su santo Nombre; Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre; el Nombre de Jesús; Jesús en el Santísimo Sacramento; la gran Madre de Dios; el nombre de María; Dios en sus Ángeles y en sus Santos. Los papas añadieron después otras líneas, cada una ligada a una devoción o a un dogma de su tiempo:
- La Inmaculada Concepción: Pío IX, en 1851, tres años antes de definir el dogma.
- El Sagrado Corazón: León XIII, en 1897, poco antes de consagrar el género humano al Corazón de Jesús.
- San José: Benedicto XV, hacia 1920-1921, en el cincuentenario de su proclamación como Patrono de la Iglesia universal.
- La Asunción: Pío XII, en 1952, dos años después de definir el dogma.
- La Preciosísima Sangre: Juan XXIII, en 1960, el mismo año en que recomendó a toda la Iglesia esta devoción.
- El Espíritu Santo Paráclito: Pablo VI, en 1964, después de 1962.
Así, la oración resume en pocas líneas casi dos siglos de devoción católica: el Sagrado Corazón, la Preciosísima Sangre, los dogmas marianos, el patrocinio de san José.
Por qué se llaman «de desagravio»: la reparación por la blasfemia
Desagraviar es reparar una ofensa. La ofensa aquí es la blasfemia, el pecado contra el segundo mandamiento: «No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios: porque no dejará el Señor sin castigo al que tomare en vano el nombre del Señor Dios suyo» (Éxodo 20, 7, versión de Torres Amat). En la antigua Ley la blasfemia se castigaba con la muerte (Levítico 24, 16): tan grave es injuriar el Nombre santo.
El Catecismo del Concilio de Trento enseña que este mandamiento no solo prohíbe deshonrar el Nombre de Dios, sino que manda honrarlo: alabarlo, invocarlo, darle gracias. Las Alabanzas hacen exactamente eso. Al insulto responden con la bendición; a la palabra que rebaja a Dios, con la palabra que lo ensalza. Por eso la costumbre católica recomienda decir al menos su primera línea, en voz baja, cada vez que se oye una blasfemia: «Bendito sea Dios, bendito sea su santo Nombre». Es un acto de amor que convierte la ofensa en ocasión de alabanza. Quien ha tenido la desgracia de blasfemar puede rezarlas también como acto de arrepentimiento, junto con una oración para pedir perdón a Dios y la confesión.
Oración al Santísimo Sacramento del altar
Muchos buscan la «oración al Santísimo Sacramento del altar bendito sea Dios»: es esta. Su lugar propio es la Bendición con el Santísimo. Tras la exposición y la adoración, se canta el Tantum ergo, con su versículo y su oración; el sacerdote bendice al pueblo con la custodia, y antes de que el Sacramento sea reservado en el sagrario todos rezan las Alabanzas. La línea central, «Bendito sea Jesús en el santísimo Sacramento del altar», se dirige directamente al Señor presente ante nosotros.
De ahí también la vieja jaculatoria española «¡Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar!», con la que tantas generaciones han saludado al entrar en una iglesia o en una casa cristiana. Las Alabanzas son su desarrollo: se rezan con fruto al terminar una Hora Santa, en una visita al Santísimo o cuando no se puede comulgar, como acto de adoración y de comunión espiritual.
Significado de «Bendito sea Dios»
El hombre no puede añadir nada a Dios. Cuando decimos «bendito sea Dios» no le damos un bien que no tenga: reconocemos y proclamamos el que tiene. Es la forma de oración más pura, porque no pide nada: solo alaba. La Escritura está llena de ella.
El salmista canta: «Bendice, oh alma mía, al Señor, y bendigan todas mis entrañas su santo Nombre» (Salmo 102, 1); el santo Job, despojado de todo, dice: «El Señor me lo dio todo; el Señor me lo ha quitado […]: bendito sea el nombre del Señor» (Job 1, 21); Zacarías, al nacer san Juan Bautista, exclama: «Bendito sea el Señor Dios de Israel» (Lucas 1, 68); y san Pablo empieza su segunda carta a los Corintios: «Bendito sea Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones» (2 Corintios 1, 3-4; textos según Torres Amat).
La primera línea de las Alabanzas, pues, no es una invención: es el eco de toda la oración de Israel y de la Iglesia. El salmo de David que canta «Bendice, alma mía, al Señor» se comenta en el artículo sobre el Salmo 103 (102 en la Vulgata).
Bendito, bendito, bendito sea Dios: el canto popular
En México y en otros países hispanos es muy conocido un canto popular que empieza «Bendito, bendito, bendito sea Dios» y continúa con los ángeles que cantan y alaban a Dios. Se canta en procesiones, rosarios y fiestas patronales, con muchas variantes de letra según la región. Es un canto de la piedad popular, distinto de las Alabanzas de desagravio, aunque nacido del mismo espíritu de bendición. Las Alabanzas, en cambio, tienen un texto fijo, aprobado por la Iglesia, y no se cantan con melodía propia: se recitan.
Preguntas Frecuentes
¿Qué son las Alabanzas de desagravio?
Son una oración de reparación por la blasfemia, compuesta en 1797 por el jesuita Luigi Felici, formada por una serie de bendiciones a Dios, a Jesucristo, a la Virgen, a san José y a los santos. Empiezan con «Bendito sea Dios. Bendito sea su santo Nombre».
¿Cuándo se reza el «Bendito sea Dios»?
Después de la bendición con el Santísimo Sacramento, antes de reservarlo en el sagrario. También puede rezarse en cualquier momento, sobre todo al oír una blasfemia, como acto de reparación, o al final de una visita al Santísimo.
¿Cuál es la letra completa de «Bendito sea Dios, bendito sea su santo Nombre»?
Son trece líneas en la forma de 1962, desde «Bendito sea Dios» hasta «Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos»; el texto completo está al comienzo de este artículo. Desde 1964 se añade una línea al Espíritu Santo Paráclito.
¿Quién escribió las Alabanzas de desagravio?
El núcleo de ocho alabanzas es del padre Luigi Felici, jesuita, en Roma, en 1797. Varios papas añadieron después otras líneas: Pío IX, León XIII, Benedicto XV, Pío XII, Juan XXIII y, después de 1962, Pablo VI.
¿Cómo se dice «Bendito sea Dios» en latín?
Benedictus Deus. La segunda línea es Benedictum Nomen sanctum eius, «Bendito sea su santo Nombre». El texto latino completo está más arriba.
¿Qué significa «Bendito sea Dios»?
Es una alabanza: proclamar que Dios es digno de toda bendición, sin pedirle nada. La fórmula viene de la Escritura, de los Salmos, de Job, de Zacarías y de san Pablo, y es la respuesta cristiana a quien maldice el Nombre de Dios.
¿Se dice «Bendito sea Dios» en otros idiomas?
En inglés se rezan como The Divine Praises y empiezan «Blessed be God»; en italiano, Dio sia benedetto; en latín, Benedictus Deus. Es la misma oración en toda la Iglesia.
La app Iter Fidei trae las Alabanzas de desagravio, el Tantum ergo y las oraciones ante el Santísimo, en latín y en español. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Laudes Divinae (P. Luigi Felici, S. J., 1797), con las adiciones de Pío IX, León XIII, Benedicto XV, Pío XII y Juan XXIII, según la Raccolta de oraciones indulgenciadas; Ritual Romano, bendición con el Santísimo Sacramento; Catecismo del Concilio de Trento, sobre el segundo mandamiento; Sagrada Escritura, traducción de Félix Torres Amat (Éxodo 20, 7; Levítico 24, 16; Job 1, 21; Salmo 102, 1; Lucas 1, 68; 2 Corintios 1, 3-4).