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Asunción en Castel Gandolfo: la carne de María glorificada, y la verdadera belleza que el mundo ignora
En la solemnidad de la Asunción, León XIV predicó en Castel Gandolfo sobre la carne glorificada de María y la «verdadera belleza», que la tradición sitúa en la santidad y no en los signos del tiempo.
En la solemnidad de la Asunción, el 15 de agosto de 2026, León XIV celebró la Misa en la parroquia de San Tommaso da Villanova, en Castel Gandolfo, y después rezó el Ángelus desde la plaza de la Libertad. Su homilía se abrió con la constitución apostólica por la que Pío XII proclamó el dogma en 1950: «María, terminado el curso de su vida terrena, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial.» En el Ángelus encomendó a la Virgen Tierra Santa, Ucrania, Rusia y Colombia.
La Asunción no es una piedad tardía. Es el término que la fe siempre presintió: la Madre de Dios, preservada de toda mancha desde su Concepción, no podía conocer la corrupción del sepulcro. El privilegio corona la Inmaculada Concepción, como la gloria corona la gracia. Lo que Dios preservó del pecado, lo preservó de la ruina; la carne que llevó al Verbo no debía volver al polvo antes del día común de la resurrección.
Vincular, como hizo la homilía, la Asunción con la Inmaculada Concepción es mantenerse en la doctrina recibida. Donde el discurso pierde fuerza es cuando busca la «verdadera belleza» en los signos del tiempo «grabados en nuestra carne». Pues el misterio del día dice precisamente lo contrario: la carne de María no llevó esas marcas de ruina, no vio la corrupción.
El consuelo de la Asunción no es abrazar el declive del cuerpo, sino anunciar su liberación, la gloria prometida en cuerpo y alma a quienes mueren en gracia. La verdadera belleza, para la tradición, no es un canon estético corregido por otro: es la santidad, de la que la Virgen glorificada es el primer fruto después de su Hijo. Y el fundamento más seguro sigue siendo aquel sobre el que la homilía comenzó, la definición de 1950, que no necesita glosa más reciente alguna para sostenerse.
Fuentes. Pío XII, constitución apostólica Munificentissimus Deus (1 de noviembre de 1950), que define el dogma. Catecismo del Concilio de Trento (1566), sobre la resurrección de la carne, artículo del Símbolo. Apocalipsis 12, 1, según la Vulgata. Dom Guéranger, El Año Litúrgico, 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María.