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León XIV a los nuevos obispos: ni la técnica ni la inteligencia artificial liberan del pecado
León XIV recibió a 147 nuevos obispos y advirtió que la técnica y la inteligencia artificial no pueden liberar a la humanidad del pecado.
El 10 de septiembre de 2026, en la Sala del Sínodo, León XIV recibió a ciento cuarenta y siete nuevos obispos al término de sus jornadas de formación en Roma, celebradas sobre el tema del servicio a la comunión. Les dirigió varias recomendaciones: permanecer con Cristo, revestirse del corazón del Buen Pastor, ejercer la solicitud de una paternidad episcopal y servir en el «amoris officium», el servicio de amor del que habla san Agustín. «Somos obispos, pero antes que nada somos discípulos», recordó.
El episcopado no es un honor, sino una carga. La doctrina de siempre enseña que los obispos, puestos para regir la Iglesia de Dios, suceden a los Apóstoles y ocupan el grado más alto del sacramento del Orden. Su medida fue fijada de una vez para siempre por el Señor: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor sacrifica su vida por sus ovejas» (san Juan 10, 11). Nada nuevo se les pide; es la ley perpetua del oficio, que san Agustín nombró con una sola palabra: no un título, sino un oficio de amor.
León XIV advirtió a estos pastores que el progreso técnico y la inteligencia artificial «no pueden ciertamente liberar a la humanidad del pecado y de sus consecuencias: las crisis que atraviesa son su prueba trágica». En este punto la fe no varía ni una línea. Ninguna obra del hombre, ninguna máquina, perdona los pecados: la Redención es obra de la sola Sangre de Cristo, aplicada por los sacramentos que Él instituyó. Fuera de esa fuente no hay salvación, y las crisis del siglo no son sino su amarga prueba. El número de estos consejos se contó de diversas maneras, cuatro o cinco según las relaciones; el recuento importa poco. Lo que permanece es la medida: un obispo es antes que nada discípulo, y nadie camina solo sino siguiendo al único Pastor.
Fuentes. Catecismo del Concilio de Trento (1566), sobre el sacramento del Orden y la remisión de los pecados por los méritos de Cristo. Sagrada Escritura según la Vulgata (Torres-Amat): san Juan 10, 11 y san Marcos 3, 14. San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XIX, capítulo 19 (el episcopado como «amoris officium»). Concilio de Trento, sesión VI, sobre la justificación, y sesión XXIII, sobre el sacramento del Orden.