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Emma Bonino, adalid del aborto en Italia, muere a los 78 años
Emma Bonino, artífice de la legalización del aborto en Italia y amiga pública del papa Francisco, ha muerto a los 78 años; la tradición la mide por el quinto mandamiento.

Emma Bonino ha muerto a los 78 años. Figura de proa del Partido Radical italiano, había dirigido en los años 1970 las campañas que legalizaron primero el divorcio y después el aborto, en una Italia aún masivamente católica y pese a la oposición del Vaticano; la ley italiana que autoriza el aborto fue votada en 1978. La fecha exacta de su muerte sigue siendo incierta: unos la fijan el viernes 11 de septiembre de 2026, día en que su partido +Europa lo anunció, otros al día siguiente.
A los veintisiete años, ella misma había sufrido un aborto clandestino; en 1975 fundó el Centro de Información sobre la Esterilización y el Aborto (CISA), principal lobby abortista del país antes de la ley de 1978. Las cifras ligadas a su nombre superan los diez mil: según un relato, profesó personalmente haber estado implicada en más de 10 100 abortos; según otro, fue la organización que ella había fundado la que reivindicó más de diez mil. Nunca renegó de su postura, ni sobre el aborto ni sobre la eutanasia.
El papa Francisco mantuvo con ella una amistad pública: un primer encuentro en junio de 2013, una invitación personal a una audiencia en mayo de 2015, una visita a su domicilio en noviembre de 2024 al salir del hospital. En 2016 la llamaba «de los grandes de la Italia de hoy [...] la persona que mejor conoce África»; en 2022, «no comparto sus ideas, pero conoce África mejor que nadie. Ante esta mujer, digo: chapó». La propia Bonino refirió que Francisco le había confiado: «Soy viejo y estoy cerca de morir, pero tú eres joven: date prisa en curarte y lleva adelante nuestras ideas». Voces contrarias al aborto temieron que estos gestos parecieran avalar sus batallas, ella que nunca había cambiado de bando.
Lo que la Iglesia siempre ha enseñado
El quinto mandamiento es inapelable: «No matarás» (Éxodo, XX, 13). El Catecismo del Concilio de Trento, al explicar este precepto, enseña que Dios prohíbe quitar la vida al inocente, y que ningún designio ni ley humana alguna puede hacer lícito el homicidio de quien no ha cometido falta alguna. Mucho antes, la Didaché, la más antigua disciplina cristiana, contaba ya esta prohibición entre las primeras, la de no hacer perecer al niño por aborto. Y en 1930, Pío XI, en la encíclica Casti Connubii, incluyó expresamente el aborto entre los homicidios del inocente, cualquiera que fuese el motivo alegado.
La medida
Medida por esta regla, una vida entera consagrada a derribar las protecciones del niño no nacido, y reivindicada hasta el final sin arrepentimiento, se sitúa por entero del lado que la ley de Dios condena. El número mismo, más de diez mil, no es una estadística: son otros tantos inocentes que el quinto mandamiento defendía.
En cuanto a la amistad exhibida, las palabras referidas son las de un hombre, no un acto de la Iglesia: fue Francisco quien, personalmente, decía «chapó» y hablaba de «nuestras ideas». Pero honrar públicamente, sin una palabra de llamada a la conversión, a quien hizo del aborto la obra de su vida, es correr el riesgo de lo que la tradición llama escándalo: «¡Ay del mundo por razón de los escándalos!» (San Mateo, XVIII, 7). Al fiel no le toca juzgar el alma de la difunta, que sólo Dios conoce; le corresponde no confundir la estima hacia una persona con la aprobación de sus obras, y mantener firme lo que la Iglesia siempre ha enseñado: la vida del inocente no se negocia.
Fuentes. Sagrada Escritura: «No matarás» (Éxodo, XX, 13, Vulgata) y «¡Ay del mundo por razón de los escándalos!» (San Mateo, XVIII, 7); la Didaché, o Doctrina de los doce Apóstoles (siglo I), que prohíbe hacer perecer al niño por aborto; Catecismo del Concilio de Trento (1566), explicación del quinto mandamiento; Pío XI, encíclica Casti Connubii (1930), sobre el aborto como homicidio del inocente.