Oraciones
Oración a San Pedro Apóstol
La oración tradicional a San Pedro Apóstol, primer Papa y piedra de la Iglesia — en español y en latín, con su vida según la Escritura y el sentido del primado que Cristo le confió.

Hay un hombre a quien el Señor cambió el nombre. No era sabio ni poderoso; era un pescador de Galilea, impulsivo, capaz de confesar la fe más alta y de negar a su Maestro al filo del gallo. Y a ese hombre, y no a otro, Jesucristo lo llamó piedra. Aquí les ofrecemos la oración a San Pedro Apóstol, primer Papa de la Iglesia, en español y en latín, junto con su vida tomada de la Escritura y una palabra sobre el primado que el Señor puso en sus manos. No invocamos a un personaje lejano, sino al hermano mayor en la fe a quien Cristo dijo: tú eres Pedro.
Quién fue San Pedro Apóstol
San Pedro se llamaba Simón, hijo de Juan, y era pescador en el lago de Genesaret. Su hermano Andrés lo llevó hasta Jesús, y desde el primer encuentro el Señor le anunció el nombre nuevo que llevaría:
Y Jesús, fijos los ojos en él, dijo: Tú eres Simón hijo de Juan: tú serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro o piedra. (Jn 1, 42)
Era hombre de fe ardiente y de pronta confesión. Cuando vio el poder de Dios en la pesca milagrosa, no se ensoberbeció, sino que se reconoció pecador:
Lo que viendo Simón Pedro, se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador. (Lc 5, 8)
En todas las listas de los Apóstoles aparece el primero, y en los momentos decisivos del Evangelio es él quien habla en nombre de los Doce. Conoció también su flaqueza: la noche de la Pasión negó tres veces al Señor, y luego lloró amargamente su pecado. Pero el Señor, que conocía su corazón, había rogado por él de antemano:
Simón, Simón, mira que Satanás os ha pedido para zarandearos como trigo; mas yo he rogado por ti, a fin de que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos. (Lc 22, 31-32)
El primado: "Tú eres Pedro"
Lo que distingue a San Pedro de los demás Apóstoles no es solo su ardor, sino el oficio único que Cristo le confió. En Cesarea de Filipo, cuando el Señor preguntó quién decían los hombres que era Él, fue Pedro quien dio la gran confesión: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Y la respuesta de Jesús es la carta fundacional de la Iglesia:
Y yo te digo que tú eres Pedro, y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra será desatado en los cielos. (Mt 16, 18-19)
Las llaves son signo de autoridad: quien tiene las llaves de la casa gobierna la casa. Por eso la Iglesia ha visto siempre en estas palabras la institución del primado de San Pedro y de sus sucesores, los Romanos Pontífices. No es un honor humano, sino un encargo: apacentar el rebaño de Cristo. Tras la Resurrección, junto al mar de Tiberíades, el Señor confirmó este oficio pastoral con una triple pregunta que cura la triple negación:
Dícele tercera vez: Simón hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se contristó de que por tercera vez le preguntase si le amaba, y así respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú conoces bien que yo te amo. Díjole Jesús: Apacienta mis ovejas. (Jn 21, 17)
Antes de Pentecostés, Pedro presidió la elección de san Matías, que ocupó entre los Doce el lugar de Judas (Hch 1, 15-26). San Pedro predicó en Jerusalén el día de Pentecostés, gobernó la Iglesia naciente y al fin fue a Roma, donde dio testimonio de Cristo con su sangre, crucificado cabeza abajo por no juzgarse digno de morir como su Señor. Por eso la fe de Pedro y la fe de Roma se unen para siempre, y a su sucesor confiamos nuestra oración y obediencia.
La oración tradicional a San Pedro Apóstol
Esta es la súplica con que los fieles han invocado al príncipe de los Apóstoles, pidiendo por la fe, por la Iglesia y por el Sumo Pontífice. La damos en español y en latín.
Oh glorioso San Pedro, que por tu fe viva, tu profunda humildad y tu ardiente amor a nuestro Señor Jesucristo mereciste ser la piedra sobre la cual se edificó la Iglesia y recibir las llaves del reino de los cielos: alcánzanos una fe firme que nunca desfallezca, para que no seamos vencidos por las puertas del infierno. Obtén la paz y la unidad para la santa Iglesia, defiende al Romano Pontífice, sucesor tuyo, y haz que perseveremos fieles hasta la muerte en la fe que tú confesaste. Amén.
Sancte Petre, princeps Apostolorum, qui claves regni cælorum a Domino accepisti: confirma fidem nostram, ut numquam deficiat; tuere Ecclesiam sanctam et Romanum Pontificem, successorem tuum; et fac ut in fide quam confessus es usque ad mortem perseveremus. Amen.
Conviene rezarla con sencillez y confianza, encomendando a Pedro nuestra fe y la de toda la Iglesia. El santo intercede; el Señor concede lo que conviene a nuestra salvación. Quien quiera acompañarla puede unirla al Credo, que recoge la misma fe que Pedro confesó, y al Padre Nuestro, la oración que el Maestro enseñó a los Apóstoles.
La oración a la sombra de San Pedro
Entre los fieles de habla hispana es muy conocida la oración a la sombra de San Pedro. Su nombre nace de un pasaje de los Hechos de los Apóstoles, cuando la fama de Pedro era tal que los enfermos eran sacados a las calles para que, al pasar él, siquiera su sombra alcanzase a alguno:
De manera que sacaban a las plazas los enfermos, y los ponían en camas y camillas, para que, al pasar Pedro, siquiera su sombra cubriese a alguno de ellos. (Hch 5, 15)
La sombra no tenía poder propio: era el Señor quien obraba por medio de su Apóstol, como toda la Escritura deja claro. Por eso, cuando invocamos "la sombra de San Pedro", no pedimos un amuleto ni una fuerza mágica, sino el amparo de Dios por la intercesión del primero de los Apóstoles. Conviene decirlo con franqueza: la fe católica no admite hechizos, ensalmos ni fórmulas que "obliguen" al cielo. Pedimos confiados, y Dios concede lo que conviene a nuestra salvación.
Oh glorioso San Pedro, Apóstol de Cristo, tú a cuya sombra fueron curados los enfermos por el poder del Señor: extiende sobre nosotros tu protección, para que, cubiertos por tu amparo, seamos librados de todo mal de alma y de cuerpo. Alcánzanos de Dios una fe firme, la salud que conviene a nuestra salvación y la gracia de caminar siempre en su voluntad. Amén.
Oración a la sombra de San Pedro completa
Quienes buscan la oración a la sombra de San Pedro completa suelen querer una fórmula más extensa, que recorra la vida del Apóstol y reúna las distintas peticiones en una sola súplica. La ofrecemos aquí, fiel al sentido católico y libre de añadidos supersticiosos:
Oh bienaventurado San Pedro, príncipe de los Apóstoles, piedra sobre la que Cristo edificó su Iglesia y guardián de las llaves del reino de los cielos. Tú, que por tu fe viva mereciste que aun tu sombra fuese instrumento del poder de Dios para sanar a los enfermos, vuelve hacia nosotros tus ojos llenos de misericordia.
Cúbrenos con la sombra de tu protección: aparta de nosotros los peligros del alma y del cuerpo, defiende nuestro hogar y nuestro trabajo, y abre delante de nosotros los caminos rectos que conducen a Dios. Concédenos, por tu intercesión, una fe que nunca desfallezca, la paz en nuestras familias y la perseverancia hasta el fin.
Tú que lloraste tu caída y fuiste levantado por la misericordia del Señor, alcánzanos la gracia del arrepentimiento y de una vida santa. Defiende a la Iglesia y al Romano Pontífice, sucesor tuyo, y haz que vivamos y muramos en la fe que tú confesaste. Amén.
Esta oración no sustituye a los sacramentos ni a la oración litúrgica de la Iglesia; los acompaña. Su fuerza no está en la longitud de las palabras, sino en la fe y la humildad con que se rezan.
Oración a la sombra de San Pedro para protección
Muchos buscan la oración a la sombra de San Pedro para protección ante el peligro, la enfermedad o el temor. Es lícito y bueno pedir el amparo de Dios por medio de los santos; lo que la fe rechaza es tratar la oración como un escudo automático o un talismán. Pedimos la protección que más nos conviene, sabiendo que a veces el mayor bien es la fortaleza para llevar la cruz.
Oh San Pedro, a cuya sombra el Señor sanaba a los enfermos: extiende sobre mí y sobre los míos el manto de tu protección. Guárdanos de todo peligro del cuerpo y, sobre todo, del pecado, que es el único mal verdadero. Bajo tu amparo y por tu intercesión, líbranos del mal y condúcenos seguros hasta el reino de los cielos. Amén.
A esta súplica conviene unir el Salmo 90 (91), que la Iglesia ha rezado siempre como oración de protección y confianza en Dios.
Oración a la sombra de San Pedro para abrir caminos
La expresión "abrir caminos" es muy popular, pero conviene entenderla bien. No se trata de forzar la suerte ni de manipular el destino, sino de pedir a Dios, por intercesión de San Pedro —el hombre a quien Cristo dio las llaves—, que aparte los obstáculos y nos muestre el camino recto de su voluntad. La verdadera puerta que Pedro nos abre es la de la fe y la salvación.
Oh glorioso San Pedro, que recibiste de Cristo las llaves del reino de los cielos: abre delante de nosotros los caminos que conducen a Dios. Aparta los obstáculos que nos cierran el bien, ilumina nuestras decisiones y guía nuestros pasos según la voluntad del Señor. Que no busquemos otra puerta que la de tu fe, ni otro camino que el de Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Amén.
Oración a San Pedro para que los niños hablen
Es antigua entre los fieles la costumbre de encomendar a los santos a los niños que tardan en hablar. La oración a San Pedro para que los niños hablen se reza pidiendo por aquel que confesó en voz alta a Cristo —Tú eres el Hijo de Dios vivo— la gracia de que el pequeño desarrolle el don de la palabra. Es una súplica de padres confiados, no un rito mágico: se acompaña, como es justo, del cuidado y de la ayuda médica que el niño necesite.
San Pedro, Apóstol que confesaste con tu boca la fe en Cristo, intercede ante el Señor por este niño (o niña) N., para que se desate su lengua y aprenda a hablar y a alabar a Dios. Bendice su crecimiento, guarda su salud y haz que un día pueda confesar con palabras la fe que ya lleva en el alma por el Bautismo. Amén.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue San Pedro Apóstol?
Fue Simón, hijo de Juan, pescador de Galilea y hermano de Andrés. Cristo lo llamó a seguirle, le cambió el nombre por Pedro —que significa piedra— y lo puso al frente de los Apóstoles. Confesó que Jesús era el Hijo de Dios, recibió las llaves del reino, gobernó la Iglesia naciente y murió mártir en Roma.
¿Por qué San Pedro fue el primer Papa?
Porque Cristo le dio un oficio único entre los Apóstoles: edificar sobre él su Iglesia, entregarle las llaves del reino y encomendarle apacentar todo el rebaño (Mt 16, 18-19; Jn 21, 15-17). Ese primado pasó a sus sucesores, los Obispos de Roma. Por eso la Iglesia honra a Pedro como el primer Papa.
¿Para qué sirve la oración a San Pedro?
Sirve para pedir su intercesión por una fe firme que no desfallezca, por la unidad de la Iglesia y por el Sumo Pontífice. Pedro, que negó al Señor y fue restablecido por su misericordia, es un intercesor seguro para los que han caído y quieren volver a levantarse.
¿Qué significa "Tú eres Pedro"?
Significa que Jesús dio a Simón un nombre nuevo, Pedro, que quiere decir piedra, y lo constituyó fundamento visible de la Iglesia: sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Las llaves que enseguida le promete son signo de la autoridad de gobierno que le confía, y que la Iglesia reconoce en sus sucesores.
¿Cuándo es el día de San Pedro?
En el calendario tradicional, San Pedro y San Pablo se celebran juntos el 29 de junio, su gran fiesta como príncipes de los Apóstoles. La Cátedra de San Pedro se celebra además el 22 de febrero (la antigua fiesta del 18 de enero, la Cátedra de Roma, quedó suprimida por las rúbricas de 1960). El 29 de junio es el día por excelencia para honrarlo y rezarle con mayor devoción.
¿Cómo murió San Pedro?
Según la constante tradición de la Iglesia, murió mártir en Roma, bajo Nerón, crucificado cabeza abajo por no juzgarse digno de morir del mismo modo que su Señor. Sobre su sepulcro se levanta la Basílica de San Pedro.
¿Qué es la oración a la sombra de San Pedro?
Es una oración popular cuyo nombre viene de los Hechos de los Apóstoles (Hch 5, 15), donde se cuenta que los enfermos eran sacados a las calles para que la sombra de Pedro, al pasar, los alcanzase. No es la sombra la que cura, sino Dios por medio de su Apóstol. Rezarla significa pedir el amparo del Señor por la intercesión de San Pedro, sin atribuir poder mágico alguno a la "sombra".
¿Sirve la oración a la sombra de San Pedro para protección o para abrir caminos?
Sí, en su recto sentido. Pedir protección o que "se abran caminos" es pedir a Dios que nos guarde del mal y nos muestre su voluntad, por intercesión de Pedro. Lo que la fe rechaza es tratar la oración como un amuleto, un hechizo o una fórmula que "obligue" al cielo. Pedimos confiados; Dios concede lo que conviene a nuestra salvación, que a veces es la fuerza para llevar la cruz.
¿Por qué se invoca a San Pedro para que los niños hablen?
Porque Pedro fue el Apóstol que confesó la fe en voz alta —Tú eres el Hijo de Dios vivo— y los fieles le encomiendan a los niños que tardan en hablar pidiendo el don de la palabra. Es una súplica confiada de los padres, no un rito mágico, y debe acompañarse del cuidado y de la ayuda médica que el niño necesite.
Para seguir rezando con los santos
- El Credo, la fe que Pedro confesó en Cesarea de Filipo.
- El Padre Nuestro, la oración que el Señor enseñó a los Apóstoles.
- Oración a San Judas Tadeo, otro de los Doce, patrono de las causas difíciles.
- La Virgen de Guadalupe, Madre de la Iglesia y patrona de América.
- Santos católicos, el índice de toda la familia de los santos y su intercesión.
- Oraciones católicas, el índice de las principales plegarias de la Tradición.
La app Iter Fidei trae las oraciones, las novenas y los salmos, en latín y español, con audio. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Sagrada Biblia, traducción de Félix Torres Amat (Mt 16, 18-19; Lc 5, 8; Lc 22, 31-32; Jn 1, 42; Jn 21, 15-17; Hch 5, 15). Oraciones tradicionales a San Pedro Apóstol, príncipe de los Apóstoles, y a su sombra (cf. Hch 5, 15). Festividad de los Santos Pedro y Pablo, 29 de junio, según el calendario tradicional.