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San Pedro de Alcántara: vida, penitencia y oración
Quién fue san Pedro de Alcántara (1499-1562), el franciscano extremeño de la penitencia extrema y la oración altísima: su reforma descalza, su amistad con santa Teresa de Jesús, lo que ella cuenta de él en el Libro de la Vida, su muerte en Arenas, su fiesta del 19 de octubre en el calendario de 1962 y la oración del Misal.
San Pedro de Alcántara (1499-1562) fue un fraile franciscano extremeño, reformador de su orden, célebre por una penitencia casi increíble y por una vida de oración altísima. Fue el consejero que confirmó a santa Teresa de Jesús en el camino de la oración y la sostuvo en la fundación de su primer convento reformado, y ella dejó de él, en el Libro de la Vida, uno de los retratos más vivos de la literatura espiritual española. La Iglesia celebra su fiesta el 19 de octubre, que en el calendario de 1962 es una fiesta de tercera clase, con una oración que alaba en él «una admirable penitencia y una altísima contemplación».
Quién fue san Pedro de Alcántara
Infancia y vocación en Extremadura
Pedro nació en 1499 en Alcántara, villa de la provincia de Cáceres, en Extremadura. Su padre era letrado y gobernador de la villa, y su madre de buena familia; los dos eran conocidos por su piedad. Estudió en su tierra y, muerto su padre, fue enviado a la Universidad de Salamanca. Allí decidió hacerse franciscano, y en su decimosexto año de edad tomó el hábito en el convento de los Majarretes, junto a Valencia de Alcántara, en la raya de Portugal. Lo eligió precisamente porque pertenecía a los frailes que, dentro de la Observancia, buscaban una observancia todavía más estricta.
En el noviciado le encargaron la sacristía, el refectorio y la portería. Sus biógrafos cuentan con humor que, después de medio año al cargo del refectorio, le reprendieron por no haber servido nunca fruta a los frailes; respondió que no había visto ninguna: no había levantado jamás los ojos hacia el techo, de donde colgaban los racimos. Con los años, la mortificación pareció quitarle el sentido del gusto.
Sacerdote, superior y predicador
Con solo veintidós años, y sin ser todavía sacerdote, fue enviado a fundar un pequeño convento en Badajoz. Recibió el sacerdocio en 1524 y pronto se dedicó a la predicación por toda Extremadura, con gran fruto. Prefería predicar a los pobres y tomaba sus sermones de los libros sapienciales y de los profetas. Se decía de él que bastaba verlo para convertirse. Fue guardián de varios conventos y, en 1538, ministro provincial de la provincia de San Gabriel, de la observancia más estricta.
Su fama llegó hasta el rey Juan III de Portugal, que lo llamó a la corte de Lisboa y trató en vano de retenerlo. Fray Pedro buscaba siempre lo contrario: un convento retirado donde darse a la contemplación.
La penitencia de san Pedro de Alcántara
La penitencia es lo primero que se asocia a su nombre, y la propia Iglesia la ha puesto en su oración. Dormía sobre una piel tendida en el suelo, de rodillas parte de la noche, y el resto sentado, con la cabeza apoyada en la pared. Las vigilias fueron su mortificación más dura, hasta el punto de que la piedad posterior lo tuvo por patrono de los vigilantes nocturnos.
El testimonio más precioso es el de santa Teresa, que lo conoció personalmente y escribió en el capítulo 27 del Libro de la Vida, con su lengua del siglo XVI:
«Paréceme fueron cuarenta años los que me dijo había dormido sola hora y media entre noche y día, y que este era el mayor trabajo de penitencia que había tenido en los principios de vencer el sueño, y para esto estaba siempre o de rodillas, o en pie. Lo que dormía era sentado, la cabeza arrimada a un maderillo que tenía hincado en la pared. Echado, aunque quisiera, no podía, porque su celda, como se sabe, no era más larga que cuatro pies y medio.»
Y continúa: en todos esos años nunca se puso la capucha, ni con sol ni con lluvia, ni calzado alguno, ni más ropa que un hábito de sayal sobre la carne y un mantillo encima. «Comer a tercero día era muy ordinario. Y díjome, ¿que de qué me espantaba? Que muy posible era a quien se acostumbraba a ello.» Cuando ella lo conoció, «era muy viejo [...] y tan extrema su flaqueza, que no parecía sino hecho de raíces de árboles». Pero añade un rasgo que lo dice todo: «Con toda esta santidad era muy afable, aunque de pocas palabras, si no era con preguntarle. En estas era muy sabroso, porque tenía muy lindo entendimiento.»
Este rigor no es un modelo que imitar al pie de la letra sin consejo, y el propio santo subía poco a poco en él para no dañar su salud. Pero recuerda a nuestro tiempo blando una verdad que la Iglesia nunca ha olvidado: el ayuno, la vigilia y la mortificación de los sentidos tienen un lugar real en la vida cristiana, como lo tiene la disciplina ordinaria del ayuno y la abstinencia.
La reforma descalza de los alcantarinos
En 1540 quiso imponer en su provincia unas reglas aún más severas, y encontró fuerte oposición. Renunció entonces a su cargo y se unió a fray Martín de Santa María, que levantaba eremitorios en la sierra de la Arrábida, frente a Lisboa, al otro lado del Tajo. Allí los frailes iban descalzos, dormían sobre sarmientos o en el suelo, no probaban carne ni vino.
En 1554, afligido por los males que sufría la Iglesia, concibió el proyecto de una congregación todavía más austera, para oponer la oración y la penitencia a la mala vida y a la herejía. Fue a Roma descalzo para obtener la aprobación del papa Julio III, y a su regreso un amigo le construyó junto a Pedrosa un convento como él lo quería: celdas diminutas, la mitad ocupada por una cama de tres tablas, una iglesia igual de pobre.
Sus estatutos mandaban que las celdas no midieran más de siete pies, que no hubiera más de ocho frailes por convento, que se anduviera siempre descalzo, que se dedicaran tres horas diarias a la oración mental y que nunca se recibiera estipendio por la Misa. En 1561 la nueva custodia fue erigida en provincia con el título de San José. Los alcantarinos, como se llamó a sus frailes, se extendieron por España y Portugal, y no desaparecieron como rama separada hasta 1897, cuando León XIII unió las distintas familias de la Observancia. Su reforma bebe en la fuente de san Francisco de Asís: la pobreza absoluta del Evangelio tomada al pie de la letra.
Sus antiguos hermanos le acusaron de hipócrita, traidor y ambicioso. Respondió con una humildad desarmante: que tuvieran en cuenta la buena intención de su celo, y que si creían mejor que la obra no saliera adelante, no ahorraran esfuerzos para impedirla.
San Pedro de Alcántara y santa Teresa de Jesús
Hacia 1560, en una visita a Ávila, fray Pedro conoció a santa Teresa, que vivía aún en el monasterio de la Encarnación y sufría grandes angustias, porque muchos le decían que sus gracias de oración venían del demonio. Una amiga de la santa consiguió que pasara ocho días en su casa y que fray Pedro pudiera hablar con ella despacio. Él, que conocía por experiencia esos caminos, la entendió, disipó sus dudas, le aseguró que su oración venía de Dios y habló en su favor a su confesor. Teresa escribe que «quiso el Señor le tuviese [amor] para volver por mí, y animarme en tiempo de tanta necesidad».
En 1562, ya muy enfermo, la ayudó con todas sus fuerzas a fundar el convento de San José de Ávila, primer monasterio de la reforma del Carmelo, usando de su influencia ante el obispo. Estuvo presente cuando se celebró en él la primera Misa, el 24 de agosto de ese año. Le escribió también defendiendo la pobreza absoluta de la nueva casa, sin rentas: las cuestiones de vida perfecta, decía, debían dejarse a quienes la viven, y no a los letrados. La reforma de Teresa dio a la Orden de Nuestra Señora del Carmen sus carmelitas descalzas, y el decreto de canonización de fray Pedro recoge el testimonio de la santa: nadie había hecho tanto como él por su reforma naciente.
El Tratado de la oración y meditación
Siendo guardián del convento solitario de la Lapa compuso un libro sobre la oración que tuvo una difusión inmensa. Santa Teresa, fray Luis de Granada y san Francisco de Sales lo estimaron mucho, y se tradujo a casi todas las lenguas de Europa. Se publica con el título de Tratado de la oración y meditación; es un compendio práctico estrechamente emparentado con el Libro de la oración y meditación, mucho más extenso, de fray Luis de Granada, y los historiadores discuten aún cuánto debe a este. Lo indudable es que fray Pedro enseñó con su vida lo que el libro enseña: tres horas de oración mental cada día, y una unión con Dios tan habitual que sus éxtasis eran frecuentes. Teresa dice que fue testigo de uno de ellos.
Frases de san Pedro de Alcántara
Más que frases célebres, los biógrafos han conservado de él algunas respuestas breves. A un amigo que se lamentaba de la maldad del mundo le contestó, según sus biógrafos, que el remedio era sencillo: que él y su amigo empezaran por ser lo que debían ser, y así quedaría curado lo que a ellos tocaba; si cada uno hiciera lo mismo, todo iría bien; el mal está en que todos hablamos de reformar a los demás sin reformarnos nunca a nosotros mismos.
Y la frase que le atribuye santa Teresa, ya citada: a quien se asombraba de sus ayunos le respondía «que de qué se espantaba, que muy posible era a quien se acostumbraba a ello».
Muerte, beatificación y canonización
Dos meses después de abrirse San José de Ávila cayó gravemente enfermo, y lo llevaron al convento de Arenas, la actual Arenas de San Pedro, en Ávila, para morir entre sus hermanos. Murió el 18 de octubre de 1562. Santa Teresa lo cuenta así: «fue su fin como la vida, predicando y amonestando a sus frailes. Como vio ya se acababa, dijo el salmo de Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi, e hincado de rodillas murió». Es el salmo 121: «Gran contento tuve cuando se me dijo: Iremos a la Casa del Señor» (Sal 121, 1).
Teresa añade que después de muerto se le apareció muchas veces con gran gloria, y que la primera vez le dijo «que bienaventurada penitencia que tanto premio había merecido». Y deja este testimonio: «Díjome una vez el Señor, que no le pedirían cosa en su nombre, que no la oyese. Muchas que le he encomendado pida al Señor, las he visto cumplidas.» Es una gracia privada que ella refiere, no una promesa que obligue a la fe.
Fue beatificado por Gregorio XV en 1622 y canonizado por Clemente IX en 1669, entrando así en el catálogo de los santos católicos que la Iglesia propone a la veneración de todos los fieles. En 1826 fue declarado patrono del Brasil, y es hoy patrono de Extremadura, su tierra natal.
El día de san Pedro de Alcántara
El día de san Pedro de Alcántara es el 19 de octubre. Murió el 18, día en que la Iglesia celebra a san Lucas evangelista. En el calendario de 1962 es una fiesta de tercera clase, con ornamentos blancos y la Misa Iustus ut palma del común de confesores no pontífices, con oración propia. La epístola es la de san Pablo a los filipenses: «todo lo tengo por pérdida o desventaja, en cotejo del sublime conocimiento de mi Señor Jesucristo» (Flp 3, 8).
El calendario reformado de 1969 retiró a san Pedro de Alcántara del calendario general de la Iglesia; su fiesta se conserva en los calendarios particulares, como el de la familia franciscana y los de su tierra. Para quien reza con los libros de 1962, en cambio, el 19 de octubre sigue siendo su fiesta en toda la Iglesia.
Oración a san Pedro de Alcántara
La oración que la Iglesia reza en su fiesta es la colecta propia del Misal Romano de 1962:
Deus, qui beátum Petrum Confessórem tuum admirábilis pœniténtiæ et altíssimæ contemplatiónis múnere illustráre dignátus es: da nobis, quǽsumus; ut, ejus suffragántibus méritis, carne mortificáti, facílius cœléstia capiámus. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Oh Dios, que te dignaste ilustrar al bienaventurado Pedro, tu Confesor, con el don de una admirable penitencia y de una altísima contemplación: concédenos, te rogamos, que, ayudados por sus méritos y mortificada nuestra carne, alcancemos más fácilmente las cosas del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
La oración resume su vida en dos palabras: penitencia y contemplación. Y muestra el vínculo entre ellas: no se mortifica la carne por desprecio del cuerpo, sino para que el alma, más libre, «capte» las cosas del cielo. Es la misma lógica que la Iglesia propone a todos en la Cuaresma.
Novena a san Pedro de Alcántara
No conocemos una novena a san Pedro de Alcántara de uso universal. Quien quiera prepararse a su fiesta durante nueve días puede rezar esta oración del Misal durante los nueve días anteriores, del 10 al 18 de octubre, añadiendo un Padre nuestro, un Ave María y un Gloria, y una petición concreta. La costumbre de las novenas y su sentido se explican en qué es una novena. Las peticiones que mejor le cuadran son las que pide la propia oración: el espíritu de oración, la fuerza para vencer la pereza y la sensualidad, y la gracia de una reforma de vida que empiece por uno mismo.
Preguntas Frecuentes
¿Quién fue san Pedro de Alcántara?
Un fraile franciscano nacido en Alcántara (Cáceres) en 1499 y muerto en Arenas (Ávila) en 1562, reformador de su orden, maestro de oración y consejero de santa Teresa de Jesús.
¿Qué relación tuvo san Pedro de Alcántara con santa Teresa?
La confirmó en que su oración venía de Dios cuando muchos lo dudaban, la defendió ante su confesor y la ayudó a fundar en 1562 el convento de San José de Ávila, primero de la reforma del Carmelo. Ella lo describe en el capítulo 27 del Libro de la Vida.
¿Por qué es famoso san Pedro de Alcántara?
Por su penitencia extraordinaria —santa Teresa cuenta que durante cuarenta años durmió solo hora y media al día— y por su altísima oración, que la Iglesia alaba en la oración de su fiesta.
¿Cuándo es el día de san Pedro de Alcántara?
El 19 de octubre, fiesta de tercera clase en el calendario de 1962. Murió el 18 de octubre, día de san Lucas.
¿Dónde murió san Pedro de Alcántara?
En el convento de Arenas, la actual Arenas de San Pedro, en la provincia de Ávila, el 18 de octubre de 1562, de rodillas, rezando el salmo Laetatus sum.
¿De qué es patrono san Pedro de Alcántara?
Es patrono del Brasil desde 1826 y patrono de Extremadura; la piedad lo invoca también como patrono de los vigilantes nocturnos, por sus largas vigilias.
¿Quiénes son los alcantarinos?
Los frailes franciscanos descalzos de la reforma fundada por san Pedro de Alcántara, erigida en provincia en 1561 y unida al resto de la Observancia por León XIII en 1897.
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Fuentes. Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida, capítulo 27; Sagrada Escritura (traducción de Félix Torres Amat): Sal 121, 1; Flp 3, 7-12; Misal Romano de 1962, fiesta de san Pedro de Alcántara, confesor (19 de octubre); Alban Butler, Lives of the Saints, 19 de octubre.