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Santa Isabel de Hungría: vida, milagros y oración
Quién fue santa Isabel de Hungría (1207-1231), la princesa que sirvió a los pobres y a los enfermos: su vida en Wartburg y Marburgo, el milagro de las rosas, su fiesta el 19 de noviembre y la oración de la Iglesia en su honor.
Santa Isabel de Hungría (1207-1231) fue una princesa, hija del rey Andrés II de Hungría, que se casó con el landgrave Luis de Turingia, enviudó a los veinte años y gastó su breve vida en servir con sus propias manos a los pobres, a los enfermos y a los leprosos. Terciaria de san Francisco, murió en Marburgo con apenas veinticuatro años y fue canonizada por Gregorio IX en 1235. La Iglesia celebra su fiesta el 19 de noviembre en el calendario de 1962, y en la Misa le pide a Dios la gracia que ella vivió: despreciar las prosperidades del mundo y gozar siempre de la consolación del cielo.
¿Quién es santa Isabel de Hungría?
Isabel nació en 1207, en Presburgo (la actual Bratislava) o en Sárospatak, según las fuentes, hija del rey Andrés II de Hungría y de la reina Gertrudis de Andechs-Merania. Pertenecía, pues, a la estirpe real de los Árpád, la misma casa a la que había pertenecido el santo rey Esteban de Hungría dos siglos antes. Por eso algunos la llaman «santa Isabel reina de Hungría», aunque en rigor nunca fue reina: fue princesa de Hungría y, por su matrimonio, landgravina de Turingia.
Como era costumbre entre las casas reinantes, la niña fue prometida muy pronto al hijo mayor del landgrave Hermann de Turingia. Con unos cuatro años la llevaron a la corte de Turingia, al castillo de Wartburg, cerca de Eisenach, para educarla junto a su futuro esposo. Allí creció rodeada de honores, pero también de la incomprensión de una parte de la corte, que no apreciaba su piedad ni su desprendimiento.
Conviene no confundirla con otras santas del mismo nombre. Santa Isabel, madre de san Juan Bautista y pariente de la Virgen María, es la mujer del Evangelio que recibió la Visitación; santa Isabel de Portugal, reina (8 de julio), fue sobrina nieta de nuestra santa y llevó su nombre en su honor.
Esposa de Luis de Turingia
En 1221, cuando Luis tenía veintiún años y ya gobernaba como landgrave, e Isabel catorce, se celebró el matrimonio. Hubo quien quiso convencer al joven de que la devolviera a Hungría por considerarla una esposa poco conveniente; él respondió que antes arrojaría una montaña de oro que renunciar a ella. Los testigos la describen seria y modesta, de palabra amable, fervorosa en la oración y generosísima con los pobres; y a él, prudente, paciente y veraz, amado de su pueblo.
Su vida conyugal duró solo seis años y fue un matrimonio profundamente cristiano. Tuvieron tres hijos: Hermann, Sofía y Gertrudis, que llegaría a ser abadesa y es honrada como beata. Luis nunca puso obstáculos a la caridad de su esposa ni a sus largas oraciones nocturnas. Una de sus damas contó que Isabel se levantaba de noche para rezar, y que el landgrave, tomándole la mano, le suplicaba que descansara. Luis es venerado popularmente en Alemania como santo, aunque su culto no figura en el calendario universal; por eso se habla a veces de «santa Isabel de Hungría y el beato Luis de Turingia».
Las obras de misericordia en Wartburg
En 1225 una gran hambre asoló Turingia. Estando ausente el landgrave, Isabel vació el tesoro de la casa y repartió todo el trigo de los graneros entre los más necesitados. A su regreso, los oficiales de la corte se quejaron de su prodigalidad. Luis preguntó solamente si había enajenado alguna parte de sus dominios; le dijeron que no. «En cuanto a sus limosnas —respondió—, nos atraerán la bendición de Dios. No nos faltará nada mientras la dejemos socorrer a los pobres como lo hace».
El castillo de Wartburg se alzaba sobre una roca empinada que los enfermos no podían subir. Isabel hizo construir al pie de la roca un hospital para recibirlos; allí les daba de comer con sus propias manos, les hacía la cama y los atendía aun en los calores del verano. Sostenía a los huérfanos, fundó otro hospital y daba de comer a centenares de pobres a la puerta del castillo. Su caridad, sin embargo, era discreta: a quienes podían trabajar no los mantenía en la ociosidad, sino que les daba ocupación conforme a sus fuerzas. Vivía así, a la letra, la palabra del Señor: «Siempre que lo hicisteis con alguno de estos mis más pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis» (San Mateo 25, 40).
Los milagros de santa Isabel de Hungría
El milagro de las rosas
El más célebre de los relatos es el milagro de las rosas. Cuenta la tradición que Isabel bajaba un día del castillo llevando pan para los pobres escondido en su manto; al ser sorprendida y obligada a mostrar lo que llevaba, en lugar de panes aparecieron rosas. El relato es tardío y no figura en los testimonios más antiguos, pero la piedad cristiana lo ha conservado como imagen de lo que fue su vida: una caridad que Dios mismo cubre y transfigura. Por eso se la representa con frecuencia con rosas en el regazo, o con un pan y una corona a los pies.
El leproso en el lecho
Otro episodio sí lo recoge el biógrafo Teodorico de Apolda. Isabel acostó en su propio lecho a un leproso miserable para cuidarlo. El landgrave, avisado, entró indignado y retiró las mantas; pero en aquel instante, dice el historiador, «Dios abrió los ojos de su alma, y en lugar de un leproso vio la figura de Cristo crucificado tendida sobre el lecho». Los hagiógrafos tradicionales advierten que esta visión de la fe, sobria en la fuente antigua, fue después transformada en una aparición material; lo verdadero y lo admirable es lo que el relato enseña: Cristo se deja servir en los enfermos.
Milagros después de su muerte
Tras su muerte, su cuerpo estuvo expuesto tres días en la capilla del hospital de Marburgo, donde fue sepultado, y allí se obraron numerosos milagros por su intercesión. Fueron examinados con cuidado para el proceso de canonización, y a la vista de ellos el papa Gregorio IX la inscribió en el catálogo de los santos en 1235, apenas cuatro años después de su muerte.
Viuda y terciaria de san Francisco
En 1227 Luis tomó la cruz para la cruzada. El día de san Juan Bautista se despidió de su esposa, y el 11 de septiembre murió de peste en Otranto. La noticia llegó a Turingia en octubre, poco después del nacimiento de su segunda hija. Isabel, al comprender que su marido no estaba cautivo sino muerto, exclamó: «El mundo ha muerto para mí, y todo lo que en el mundo había de gozoso».
Siguió un tiempo oscuro. Según el testimonio de su dama Isentrudis, su cuñado Enrique, regente en nombre del hijo menor, la expulsó de Wartburg con sus hijos en pleno invierno, y padeció grandes humillaciones hasta que su tía, abadesa de Kitzingen, la recogió. Su tío, el obispo de Bamberg, quiso volver a casarla; ella se negó, porque antes de la cruzada los dos esposos se habían prometido no contraer nuevas nupcias.
El Viernes Santo de 1228, en la iglesia de los frailes franciscanos de Eisenach, renunció solemnemente al mundo y tomó después el hábito gris y el cordón de la Tercera Orden de san Francisco, que había conocido por medio de los frailes menores y cuyo amor a la pobreza la había conquistado. Por eso es venerada como patrona de la Orden Tercera franciscana; para conocer al padre de esta familia espiritual puede leerse la oración a san Francisco de Asís.
El hospital de Marburgo y la dirección de Conrado
Desde entonces su director espiritual fue el maestro Conrado de Marburgo, sacerdote austero y predicador estimado por el papa, pero de carácter duro. Le prohibió mendigar de puerta en puerta, despojarse de golpe de todos sus bienes o exponerse sin medida al contagio; en esto obró con prudencia. Pero también la probó con severidad, apartando de ella a sus damas más queridas para que no se apegara más que a Dios. Isabel obedecía con humildad y con buen humor: se comparaba con la caña del río, que la crecida dobla y que, pasada la lluvia, vuelve a erguirse recta y sana.
Junto a una pequeña casa a las afueras de Marburgo levantó un hospital para enfermos, ancianos y pobres, y se entregó por entero a su servicio. Un noble húngaro que vino a buscarla la halló hilando, vestida con su sayal gris, y se santiguó asombrado: «¿Quién vio jamás hilar a la hija de un rey?». Quiso llevarla a la corte de Hungría, pero ella no quiso: sus hijos, sus pobres y la tumba de su esposo estaban en Turingia. Trabajaba sin descanso, cardaba lana, hilaba y hasta pescaba en los arroyos para ganar algo más con que socorrer a los enfermos. Quien hoy cuida a un enfermo puede rezar con ella la oración por los enfermos, y conocer a otro gran santo de los hospitales, san Camilo de Lelis, patrono de los enfermos.
Su santa muerte
No llevaba dos años en Marburgo cuando su salud se quebró. Una de sus compañeras la oyó cantar en voz baja y se lo dijo; Isabel respondió que un pajarillo cantaba tan alegremente junto a la pared que también ella había tenido que cantar. A medianoche, antes del día de su muerte, dijo: «Es casi la hora en que el Señor nació y fue puesto en el pesebre. Vino a redimir el mundo, y me redimirá a mí». Murió al atardecer del 17 de noviembre de 1231, sin haber cumplido aún los veinticuatro años.
En 1236 sus reliquias fueron trasladadas a la iglesia de Santa Isabel de Marburgo en presencia del emperador Federico II y de una multitud inmensa. Allí reposaron, meta de peregrinación para toda Alemania, hasta que en 1539 el landgrave protestante Felipe de Hesse las hizo retirar a un lugar desconocido.
Las virtudes de santa Isabel de Hungría
Tres virtudes resumen su vida y explican por qué la Iglesia la propone como modelo a las esposas, a las madres y a las viudas:
- La caridad, vivida no desde lejos, sino tocando las llagas de los pobres y viendo en ellos a Cristo.
- El desprendimiento: una hija de rey que eligió la pobreza de san Francisco y el trabajo de sus manos.
- La obediencia y la paciencia, aceptadas bajo un director severo y en medio de la viudez, la pobreza y la humillación.
Es patrona de la Tercera Orden franciscana, de las viudas, de las obras de caridad y de los hospitales, y la invocan también los panaderos, por el pan que repartía, y las enfermeras y cuantos cuidan enfermos. Muchas familias le encomiendan la oración por la familia, pidiendo que el amor conyugal sea, como en la casa de Wartburg, camino de santidad.
La fiesta de santa Isabel de Hungría: 19 de noviembre
En el calendario del Misal y del Breviario de 1962, santa Isabel de Hungría, viuda, se celebra el 19 de noviembre como fiesta de III clase, con la conmemoración del papa san Ponciano, mártir. La Misa es la del común de las santas mujeres no vírgenes (Cognovi), con la oración propia de la santa. El calendario reformado de 1969 trasladó su memoria al 17 de noviembre, día de su muerte; quien sigue los libros de 1962 la celebra el 19.
Oración a santa Isabel de Hungría
La oración más segura para honrarla es la que la Iglesia reza en su Misa. La damos en latín y en español:
Oremus. Tuorum corda fidelium, Deus miserator, illustra: et, beatae Elisabeth precibus gloriosis, fac nos prospera mundi despicere, et caelesti semper consolatione gaudere. Per Dominum nostrum Iesum Christum Filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.
Oremos. Oh Dios de misericordia, ilumina el corazón de tus fieles; y, por las gloriosas oraciones de la bienaventurada Isabel, haznos despreciar las prosperidades del mundo y gozar siempre de la consolación celestial. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
La novena a santa Isabel que trae la aplicación Iter Fidei se comienza el 11 de noviembre para terminarla el 19, día de su fiesta.
Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos
La figura de la santa sirviendo a los enfermos inspiró a muchos artistas. El más conocido en el mundo hispano es el lienzo de Bartolomé Esteban Murillo, Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos, pintado hacia 1672 para la iglesia del Hospital de la Caridad de Sevilla. La santa, con toca y corona, lava la cabeza llagada de un muchacho mientras otros pobres esperan su turno: es la traducción exacta, en pintura, de lo que cuentan sus biógrafos. Por eso tantas parroquias, capillas y hospitales de España y de México llevan su nombre, y por eso su imagen ocupa un lugar tan alto entre los santos católicos que el pueblo cristiano venera como modelos de caridad.
Santa Isabel de Hungría en PDF
No ofrecemos un PDF: el texto completo de esta página, con su vida y sus oraciones, puede imprimirse tal cual. Pero mejor que una hoja suelta es llevarla en la aplicación Iter Fidei: la novena a santa Isabel día por día, un recordatorio diario, sin conexión, en latín y en español. Únase al acceso anticipado aquí.
Preguntas Frecuentes
¿Cuándo nació santa Isabel de Hungría?
Nació en 1207, en Presburgo (Bratislava) o en Sárospatak, en el reino de Hungría. Era hija del rey Andrés II y de Gertrudis de Andechs-Merania.
¿Fue santa Isabel reina de Hungría?
No. Fue princesa de Hungría por nacimiento y landgravina de Turingia por su matrimonio con Luis IV. El título de «reina» le viene de la devoción popular; la santa reina del mismo nombre es santa Isabel de Portugal, sobrina nieta suya.
¿Es santa Isabel de Hungría la misma que la prima de la Virgen María?
No. La pariente de la Virgen es santa Isabel, madre de san Juan Bautista, que vivió en tiempos del Evangelio. Santa Isabel de Hungría vivió en el siglo XIII.
¿Qué parentesco tenía con san Esteban de Hungría?
Pertenecía a la misma dinastía real de los Árpád, de la que salió san Esteban, primer rey cristiano de Hungría, muerto en 1038. No era descendiente directa suya, sino de la misma casa real.
¿De qué es patrona santa Isabel de Hungría?
De la Tercera Orden de san Francisco, de las viudas, de los pobres, de las obras de caridad y de los hospitales. La invocan también los panaderos y quienes cuidan enfermos.
¿Cuál es el milagro de las rosas?
Según la tradición, cuando llevaba pan escondido para los pobres y la obligaron a mostrarlo, los panes se convirtieron en rosas. Es un relato tardío, pero expresa bien cómo Dios protegió su caridad.
¿Cuántos años tenía al morir?
No había cumplido los veinticuatro. Murió en Marburgo el 17 de noviembre de 1231 y fue canonizada en 1235.
La aplicación Iter Fidei trae la novena a santa Isabel de Hungría, el Misal y el Breviario de 1962 y el calendario tradicional, en latín y en español. Únase al acceso anticipado aquí.
Fuentes. Sagrada Escritura (Biblia de Torres Amat: San Mateo 25); Butler, Vidas de los Santos (19 de noviembre); Misal Romano de 1962, Misa de santa Isabel, viuda (19 de noviembre); Teodorico de Apolda, Vida de santa Isabel; Dicta quatuor ancillarum (testimonios de sus cuatro damas).